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Una buena propuesta para visitar la provincia de Salamanca es seguir la ruta de los Conjuntos Históricos. Catorce municipios, incluida la capital de la provincia y un camino histórico, la Calzada de la Plata, articulan la provincia desde el punto vista turístico. Son pueblos que han conservado su patrimonio y sus rasgos de identidad con la misma naturalidad con la que han desarrollado la vida cotidiana durante siglos. Estos quince conjuntos podemos visitarlos en seis jornadas, sin prisas, con la tranquilidad y la paciencia de los antiguos viajeros interesados en descubrir los pequeños tesoros que ha ido escondiendo la historia.

La Alberca © Roberto García

La Alberca © Roberto García

La mayor concentración de Conjuntos Históricos está situada en el sur de la provincia, en el entorno de la Sierra de Francia. La Alberca, Mogarraz, San Martín del Castañar, Sequeros y Miranda del Castañar son pequeños municipios que gracias a su situación geográfica, a su aislamiento histórico y al empeño de sus gentes por mantener sus raíces han conservado una arquitectura y un urbanismo singular, pero también un alma cargada de siglos y de tradiciones. Así, La Alberca fue el primer Conjunto Histórico declarado en toda España. Su excepcional entramado urbano, un calendario de fiestas únicas que abarca todo el año y su ubicación en pleno parque natural de las Batuecas – Sierra de Francia la han convertido, tras la capital, en el principal destino turístico de la provincia.

Béjar © Santiago Santos

Béjar © Santiago Santos

En el sureste, la Sierra de Béjar y Candelario, que da nombre a las últimas estribaciones del Sistema Central, forma junto con la Sierra de Francia un entramado paisajístico que ha sido declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco. Béjar es la capital histórica de la comarca y un antiguo núcleo industrial. Hoy presume de tener una moderna estación de esquí y de mantener restos de sus épocas más gloriosas como el Castillo de los Duques, a quien Cervantes dedicó el Quijote, el Museo Judío o la Ruta de las Antiguas Fábricas Textiles. Candelario, situada en las faldas de la montaña, ofrece un paseo sugerente de calles empinadas con el rumor constante del agua que desciende por las regajeras y el olor a humo y chacina, un producto que ha sido la referencia principal de esta villa desde que sus chacineros se convirtieron en proveedores de la Casa Real en el siglo XVIII y Goya lo reflejó en un famoso tapiz. Montemayor del Río ha sido históricamente el centinela defensivo de los caminos del sur. Está situado en un valle frondoso dominado por un espectacular castillo, convertido hoy día en un centro de interpretación de la Edad Media.

Candelario © Santiago Santos

Candelario © Santiago Santos

Cerca de Salamanca siguiendo la estela del río Tormes se levanta Ledesma, una antigua villa señorial en los dominios de Beltrán de la Cueva. La villa ha cambiado en los últimos años ya que ha restaurado sus fachadas, ha eliminado la contaminación visual y ha incorporado una señalización histórico-patrimonial. Ahora la podemos disfrutar y visitar de forma intensa y ordenada gracias a la propuesta de señalización turístico patrimonial de la Diputación de Salamanca.

Ledesma © Francisco Martín

Ledesma © Francisco Martín

Esta ruta urbana y el centro de interpretación Bletisa nos ayudarán a conocer mejor los rincones de esta bella localidad salmantina. Ledesma también es la puerta de entrada a dos paisajes característicos de la provincia de Salamanca: el Campo Charro, dominado por un ecosistema muy particular donde bajo el dominio de la encina crecen los toros bravos y los cerdos ibéricos, y las Arribes del río Duero.

En el noreste de la provincia, en tierras dominadas por las llanuras meseteñas y la arquitectura mudéjar, la comarca turística de los Condados y Ducados está presidida por las localidades de Peñaranda de Bracamonte y Alba de Tormes. La primera, unida históricamente al destino de los condes de Bracamonte, sugiere un paseo tranquilo por sus numerosas plazas, en algunos de cuyos soportales el viajero podrá disfrutar de capiteles platerescos y curiosas mirillas indiscretas. En la visita a este Conjunto Histórico es tan imprescindible degustar un buen tostón, variedad de asado de lechón, como conocer la Fundación del conde Gaspar de Bracamonte, virrey de Nápoles, situada en el convento de las Madres Carmelitas Descalzas, que conserva una gran colección de pintura napolitana. El presente de la villa viene marcado por el edificio contemporáneo diseñado por Alvaro Siza y Juan Miguel Hernández que acoge a la Fundación Germán Sánchez Ruipérez con sus dos centros: el CITA y el Centro de Desarrollo Cultural, ambos dedicados al desarrollo de tecnologías avanzadas en el mundo rural y educativo y a la promoción bibliográfica y cultural.

Los signos de identidad de Alba de Tormes están determinados por su vinculación a los duques de Alba y a la figura de Santa Teresa de Jesús, que falleció en esta localidad. Los últimos días de esta religiosa y el espíritu de su obra los encontramos en el Convento de la Anunciación que ella misma fundó en el año 1571. De Fernando Álvarez de Toledo, el Gran Duque de Alba, permanece la torre del homenaje de su castillo, conocido en la segunda mitad del siglo XVI como centro cultural de primera magnitud.

Ciudad Rodrigo © Santiago Santos

Ciudad Rodrigo © Santiago Santos

En la frontera con Portugal nos encontramos con dos conjuntos a los que la historia les otorgó el papel de vigilantes. El primero de ellos, Ciudad Rodrigo, ha sido históricamente la capital militar de la provincia. Sus murallas medievales y barrocas delimitan uno de los perímetros urbanos más bellos de la comunidad castellanoleonesa. La ciudad invita a pasearla sin descanso y volverla a visitar en sus celebraciones más sugerentes: el Carnaval del Toro y la Feria de Teatro de Castilla y León, a finales del mes de agosto. La Catedral, que nace románica y termina neoclásica, la interminable lista de palacios platerescos que van ennobleciendo cada uno de sus rincones, el castillo medieval convertido hoy día en Parador Nacional o la sorprendente capilla de los Cerralbo son algunos ejemplos de su vasto patrimonio. En su entorno, es visita obligada la estación arqueológica de Siega Verde, considerada el mayor enclave de grabados paleolíticos de toda España y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Por último, la villa de San Felices de los Gallegos, dominada por un castillo, nos abre las puertas al parque regional de Las Arribes. Este espacio natural definido por la huella preciosista, entre cañones y precipicios, ha dibujado durante siglos el río Duero a lo largo de 125 kilómetros de frontera natural con Portugal.

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