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En mi último viaje a Portugal he tenido el privilegio de visitar el litoral de la Costa de Estoril y el de Lisboa en una lancha rápida por gentileza de la empresa WaterX. La verdad es que ha sido una experiencia única y adrenalínica porque puedes ver ciudades y lugares desde una perspectiva diferente: desde el mar o, en este caso, desde el estuario del Tajo.

Mi travesía comenzó en el puerto lisboeta de Alcántara que se sitúa aproximadamente bajo el emblemático Puente 25 de abril que, con casi 2.300 metros de longitud es el puente colgante más largo de Europa. Cuando pasas por debajo de esta construcción llama la atención el estruendo que provocan los automóviles y trenes que la atraviesan.  Justo de frente al puerto de Alcántara se puede ver la estatua del Cristo Rey de Almada, inspirada en el Cristo Redentor de Río de Janeiro.

En menos de cinco minutos, en dirección al estuario del Tajo, llegamos a la emblemática Plaza del Comercio, la más importante de Lisboa, construida donde estaba el palacio real antes de ser destruido por el terremoto de 1755. Hace siglos ésta era la puerta de entrada a Lisboa de los barcos que venían del Nuevo Continente y por ese motivo está abierta al río.

La Plaza del Comercio es una de las más emblemáticas de Lisboa

La Plaza del Comercio es una de las más emblemáticas de Lisboa

Desde aquí, a lo lejos, se divisa el Puente Vasco de Gama que se edificó con motivo de la Exposición Universal de Lisboa de 1998. El puente más largo de Europa tiene una longitud de 17,2 kilómetros, 10 de los cuales están sobre el estuario del Tajo, o Tejo como dicen los portugueses.

De camino hacia el mar nos encontramos con algunos de los emblemas de la capital portuguesa. Destacan el Monumento a los Descubrimientos del año 1960 que se levantó para conmemorar los 500 años de la muerte de Enrique el Navegante. Justo detrás se encuentra el famoso Monasterio de los Jerónimos.

Torre de Belém, ejemplo de arquitectura manuelina

Torre de Belém, ejemplo de arquitectura manuelina

Un poco más adelante se encuentra la Torre de Belém, uno de los ejemplos más importantes de la arquitectura manuelina, que fue antaño un centro aduanero para poder entrar a la ciudad.

A partir de aquí la travesía empezó a ponerse interesante. Las lanchas rápidas pueden alcanzar una velocidad máxima de 50 nudos por hora (unos 90 kilómetros por hora) con ocho personas. No obstante, en ningún momento superamos los 22 nudos por hora (unos 35 kilómetros por hora) aunque cabe decir que la sensación que se tiene es de ir a 100 kilómetros por hora. En tan sólo 15 minutos llegamos al puerto de Cascais después de haber visto algunos lugares destacados como la fortaleza de San Julián de la Barra en la Playa de Carcavelos, donde se funden el estuario del Tajo con el Atlántico.

Aquí os dejo un vídeo con el recorrido que hicimos:

 

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