La costa del Mediterráneo es el refugio de algunas de las ciudades más bonitas de Francia. En este artículo vamos a hacer un recorrido por el litoral galo desde Perpiñán hasta Niza y vamos a visitar siete localidades de Francia que bien merecen una escapada. Hemos viajado a todas ellas en algún momento de nuestras vidas así que nuestros consejos, siempre escritos con conocimiento de causa, os guiarán para saber qué hacer y qué ver en todas estas ciudades. Algunas de ellas no están a la orilla del mar sino a escasos kilómetros pero su ambiente es tan mediterráneo que merece la pena mencionarlas

Perpiñán

La primera ciudad que nos encontramos una vez pasamos El Pertús, el primer pueblo de Francia después de La Junquera, es Perpiñan, una localidad muy vinculada a Catalunya tanto por su historia como por la lengua que allí se habla porque parte de su población se expresa en catalán además de francés. Perpiñán fue capital del Reino de Mallorca y era el destino de muchas parejas que, durante la época franquista, viajaban a esta ciudad para ver películas de alto voltaje. Es una localidad que tiene muchos lugares que ver porque conserva gran parte del patrimonio de la época medieval.

Uno de los lugares más visitados es Le Castillet, en la zona norte de su casco antiguo, la única muestra de las murallas que rodeaban antaño la ciudad. Le Castillet es una puerta de ladrillo rojo en cuyo interior está el museo de la Casa Pairal, de historia y etnografía, que guarda objetos como las tradicionales barretinas catalanas.

Palacio de los Reyes de Mallorca, del siglo XIII

Palacio de los Reyes de Mallorca, del siglo XIII

Otros monumentos de Perpiñán, situada en el departamento de los Pirineos Orientales (Occitania /Sur de Francia), que merece la pena conocer son la catedral de Saint Jean y el palacio de los Reyes de Mallorca del siglo XIII y fortificado de nuevo con murallas de ladrillo rojo por orden de Luis XIV. También es aconsejable pasear por la plaza del Ayuntamiento de Perpiñán donde está el edificio que acoge el consistorio municipal, el Palacio de la Diputación (antigua sede de la Generalitat) y la Lonja. Tampoco hay que perderse la Casa Xanxo, un edifico gótico del siglo XVI ni la Plaza François Arago desde la que se tienen unas hermosas vistas del río Têt.

Narbona

Viajar a Narbona siempre es un placer. La antigua Narbo Martius y segundo puerto del Imperio Romano después del de Ostia, en Roma, fue la primera colonia romana de la Galia y una ciudad de primera línea en la Antigüedad. Por ello en esta localidad de Occitania / Sur de Francia todavía existe un horreum (almacén de alimentos) del siglo I a.C. o restos de la Via Domitia, la primera calzada romana construida en la Galia. Caminar por Narbona también es hacer un viaje por el Medievo gracias al Palacio de los Arzobispos y la catedral gótica de Saint-Just-et-Saint-Pasteur (San Justo y San Pastor).

Canal de la Robine, en Narbona

Canal de la Robine, en Narbona

En la actualidad Narbona es una ciudad fácil de recorrer a pie o en bici siendo uno de los lugares más agradables para dar un paseo el Canal de la Robine, declarado Patrimonio Mundial de la Unesco que, además, se puede recorrer en barco. No hay que irse de Narbona sin visitar su mercado y degustar, por ejemplo, las exquisitas aceitunas Lucques, entre otros manjares.

Sète

Sète, conocida por los canales que la recorren, es una de las ciudades más soleadas de Occitania/Sur de Francia. Aparte de tener una larga playa, el Lido, Sète cuenta con un bello conjunto arquitectónico en el que destaca su Canal Real, flanqueado por edificios del siglo XVIII. Aquí se celebran las populares justas náuticas que también tienen lugar en otras localidades del departamento de Hérault. Destacan asimismo el viejo puerto y la lonja, cuyo edificio recibió la etiqueta de Arquitectura Contemporánea Notable, el muelle y el faro de Saint Louis, ubicado en el barrio alto, donde residen muchos artistas en sus casas entrelazadas con fachadas coloridas.

Vista de los canales de Séte ©MRW-Zeppeli

Vista de los canales de Séte ©MRW-Zeppeli

Sète fue la ciudad natal del conocido cantautor Georges Brassens y del escritor Paul Valéry, que está enterrado en el Cementerio Marino. Esta población de Occitania/ Sur de Francia le rinde homenaje en un museo que cuenta con una colección pictórica del siglo XIX y una sala con ediciones originales, manuscritos, acuarelas y dibujos del autor francés. La guinda de una visita a Sète es el Monte Saint-Clair donde se contemplan unas hermosas vistas de la ciudad y de la laguna del Thau.

Bèziers

Béziers, una de las más ciudades más interesantes del departamento de Hérault, cuenta con una de las estampas más bonitas del Mediterráneo francés: la del puente viejo del siglo XII sobre el río Orb con la catedral gótica de Saint-Nazaire en segundo plano. La imponente seo destaca por sus vidrieras y por su bóveda de más de treinta metros de altura. 

Vista del puente viejo del siglo XII sobre el río Orb con la catedral gótica de Saint-Nazaire al fondo

Vista del puente viejo del siglo XII sobre el río Orb con la catedral gótica de Saint-Nazaire al fondo

Asimismo, en Béziers vale la pena conocer el Museo de Bellas Artes – Hôtel Fayet, con obras del escultor local Jean-Antoine Injalbert, y la iglesia de Sainte-Madeleine donde las tropas de Simón de Montfort ajusticiaron a más 7.000 personas que allí se guarecieron durante la cruzada albigense. Recorrer a pie el paseo de Pierre-Paul Riquet (si lo hacéis en viernes coincidiréis con un vistoso mercado de las flores) y deambular por el centro histórico y disfrutar de los palacetes construidos durante el siglo XIX, cuando Béziers era la capital mundial del vino, son planes muy apetecibles que regala este rincón de Occitania /Sur de Francia.

Para poner un buen punto y final a un recorrido por Béziers es muy recomendable acercarse a las 9 esclusas de Fonséranes en el Canal du Midi, una obra cumbre de la ingeniería del siglo XVII obra de Pierre-Paul-Riquet. Este proyecto de Pierre-Paul Riquet unió el río Garona desde Toulouse hasta el mar Mediterráneo y recibió el nombre de Canal Royal du Languedoc (tras la Revolución Francesa adoptó el nombre de Canal du Midi).

Montpellier

Montpellier, mediterránea, soleada y bulliciosa es sin duda mi ojito derecho de las ciudades mediterráneas de Francia. La capital de la antigua región de Languedoc Roussillon es uno de los destinos más eclécticos del sur de Francia en el que no solo se alzan maravillosos palacetes del siglo XVII sino que cuenta con una extraordinaria muestra de street art y un joven museo de arte contemporáneo, el MOCO.

Vistas de Montpellier desde el arco de Triunfo

Vistas de Montpellier desde el arco de Triunfo

La Place de la Comédie, que sus habitantes conocen como “huevo” por su forma ovalada, es el corazón de Montpellier y el lugar donde convergen la ciudad medieval y el ensanche moderno fácilmente accesible gracias a su colorida red de tranvías. Muy cerca de la plaza está el Museo Fabre, un espacio dedicado a las bellas artes con obras de Delacroix, Rubens o Veronese, entre otros, o esculturas de Maillol. Detrás de esta institución se encuentra el centro histórico de Montpellier que cuenta con lugares tan encantadores como la Plaza Saint Roch y su curioso trampantojo, la catedral gótica de Saint Pierre o la calle Foch que muere en el arco de triunfo construido en honor a Luis XVI.

Cuna del rey Jaime I el Conquistador, Montpellier es una ciudad que desde hace años que mira al mar y por ello ha construido barrios como Antigone, proyectado por el arquitecto español Ricardo Bofill, Port Marianne y Odysseum desplazando el centro de la ciudad hacia el Mediterráneo.

Marsella

Dejamos Occitania / Sur de Francia y nos adentramos en la región de Provenza-Alpes-Costa-Azul, la PACA para los amigos. En su capital, Marsella, se respira todavía un ambiente portuario que debió ser sórdido hace unos años pero que ahora es mucho más interesante gracias a la remodelación que se ha llevado a cabo en las últimas décadas. 

Marsella se asoma al Mediterráneo a través del Puerto Viejo, una profunda ensenada que penetra en el tejido urbano de la ciudad. Desde este espacio, totalmente rediseñado por los arquitectos del estudio de Norman Foster, parten excursiones al macizo de Las Calanques, declarado Parque Natural Nacional, y al castillo de If donde, según la novela El Conde Montecristo, estuvo encerrado Edmond Dantés. Aunque quizás el espacio al que el lavado de cara le ha sentado mejor ha sido el barrio de Le Panier, que ha pasado de ser una zona de mala reputación a uno de los lugares de moda gracias a sus locales instagrameables y sus galerías de arte. Muy cerca está la zona de Nueva Marsella, donde se ha desarrollado el proyecto Euroméditerranée. Destacan algunas edificaciones como el Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo, el MUCEM, obra del arquitecto local Rudy Ricciotti, un rascacielos de Zaha Hadid, y la Villa Méditerranée del milanés Stefano Boeri.

Barrio Le Panier

Barrio Le Panier, en Marsella

No hay que irse de Marsella sin subir a la basílica de Notre-Dame de la Garde, la Buena Madre como la llaman los marselleses y contemplar sus vistas, y comer una excelente bullabesa en alguno de los restaurantes típicos situados en el Vallon des Auffes, un puerto con encanto que fuera antaño un refugio pesquero.

Niza

Acabo este artículo con una mención especial a mi ciudad francesa preferida después de París. Se trata de Niza, capital de la Costa Azul, cuya luminosidad enamoró a Matisse y a los miles de turistas que por ella pasan cada año. Niza tiene un bouquet francés con un retrogusto italiano muy marcado que se saborea sobre todo en su gastronomía, con denominación de origen. Muchas de las especialidades culinarias como el pan bagnat, la pissaladière, la socca, o la fougasse se degustan en los mercados que se instalan en el Cours Saleya, que llenan de colorido el centro histórico.

Espejo de agua de Niza

Espejo de agua de Niza

Merece la pena pasear por las animadas callejuelas del Viejo Niza, que cuenta con un destacado patrimonio de los siglos XVII al XIX, y subir los 214 escalones de la colina del castillo desde donde hay unas vistas increíbles de la Bahía de los Ángeles, los tejados y las estribaciones de los Alpes del Sur. 

Recorrer el Paseo de los Ingleses y sus siete kilómetros de playa es otra de las propuestas que ofrece Niza. Tampoco hay que perderse el Muelle de los Estados Unidos y el barrio del Puerto, que tiene la mayor concentración de anticuarios de Francia o adentrarse en la Promenade du Paillon, un gran parque de 12 hectáreas que reconecta el paseo marítimo con el corazón de la ciudad. No hay que irse de Niza sin conocer algunos de sus museos como el Matisse, el Chagall, el MAMAC (Museo de Arte Moderno y de Arte Contemporáneo), o el Museo de la Fotografía y de la Imagen.

Más información: https://es.france.fr/es/

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