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En el Alentejo se come y se bebe muy bien. Comer, beber y picar son rituales, formas de convivir, de recibir, de celebrar. Se suele decir que en la casa de un verdadero alentejano, tenga mucho o tenga poco, la mesa está siempre servida. Es verdad. Y esta realidad concede un sabor muy especial al descubrimiento de la gastronomía. Son productos de reconocida valía turística, pero no fue el turismo el que los creó para consumo externo: forman parte, y una parte feliz, del día a día más auténtico de la región.

Del recetario tradicional a las recientes innovaciones de la cocina gourmet, de los salados a la pastelería tradicional y conventual, en el Alentejo se encuentra de todo, creado y recreado con los mejores productos de la tierra, mucha imaginación y aquella cosa misteriosa llamada “mano”. La cocina alentejana ha estado siempre unida a los productos del campo, y tiene como base una trilogía fundamental: el pan, el aceite de oliva y las hierbas aromáticas.

El Alentejo es gastronomía

El Alentejo es gastronomía

El pan tiene múltiples aplicaciones, como acompañamiento o como elemento principal de decenas de sopas que aquí se hacen, como sopas de ajo, gazpachos, sopas de pescado, de cardos, de verdolagas o de acederas de lagarto, así como en las tradicionales migas, que pueden ser de tomate, de coliflor, de bacalao, de espárragos verdes y de muchas otras cosas más.

El aceite de oliva alentejano se encuentra entre los mejores. No necesitamos ser expertos en gastronomía para comprender la diferencia que hay entre cocinar y aliñar con un aceite de oliva virgen o con las mezclas que se hacen pasar por aceite de oliva.

Las hierbas aromáticas, como el cilantro, poleo, menta cervina, tomillo, laurel, ajedrea o el orégano, son la varita mágica que caracteriza esta cocina. Ya sea machacadas, picadas o como parte de salsas, sirven para sacar el máximo partido de la materia prima de la cocina alentejana.

Del mar el marisco, la sepia, el pulpo, y los pescados como el sargo, la cherna, el róbalo. De agua dulce las anguilas de Lagoa de Santo André y la lamprea del Tajo. Entre las carnes destacan el cordero, por ejemplo la DO de Montemor-o-Novo, el bovino, como la DO de Charneca, y por supuesto el famoso cerdo alentejano, también con DO protegida.

El Alentejo es uno sólo pero es grande y diverso. Es atlántico y mediterráneo, sierra y planicie, costa e interior, ríos, lagunas, albuferas y mar. Por eso, aunque siempre se identifique en su cocina “eso” que marca con tanta fuerza esta forma de hacer y de condimentar, siempre sorprende con su infinita variedad de la mesa tradicional.

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