La isla tahitiana de Moorea es el rincón del mundo que representa la más pura imagen del paraíso terrenal. Blancos puros, de la arena de sus playas; azules turquesa, de la laguna; verdes vivos, de sus cumbres y negros brillantes, de sus raras perlas. Sus propuestas sibaritas –spa, gastronomía exótica, compras- se complementan con una oferta de aventura en su espectacular naturaleza.

Esta isla ha inspirado los sueños de un sinfín de pintores, escritores y artistas por su belleza y genuino sabor tahitiano. El lujo y la autenticidad se pueden vivir ya sea en hoteles de alta gama y en las nuevas villas deluxe del Legends Resort Moorea (www.legendsresortvillas.com); o en los bungalows tradicionales de hotelitos con encanto y pensiones familiares como Moorea Fare Miti (www.mooreafaremiti.com) o Fare Vaihere (www.farevaihere.com), para una experiencia genuinamente tahitiana

Moorea. © Gregoire Le Bacon

Moorea. © Gregoire Le Bacon

Durante el día, se puede tener el primer contacto con su espectacular naturaleza en la playa, con unas sesiones de snorkel con las cariñosas mantas raya y peces de colores infinitos. El interior de la isla se puede conocer en jeep, quad, a caballo, o en rutas senderistas de nivel medio que transcurren por serpenteantes caminos a través de plantaciones de piñas y bosques de castaños (mapes) hasta un mirador privilegiado que hay sobre las bahías de Cook y Opunohu, dos cortes abruptos que se abren hacia el mar en el norte de la isla.

En la carretera que rodea la isla, hay varias paradas imprescindibles: la galería del artista Philipe Dubois, desde cuya casa frente a la laguna capta los vivos colores tahitianos y escenas de la vida isleña; la fábrica de Zumos de Moorea, de entrada gratuita, donde refrescarse con un buen jugo de piña; y el armonioso Centro de bienestar Helene Spa, pionero en Tahití y sus islas, donde disfrutar de tratamientos con productos de la tierra y deliciosos masajes (www.helenespa.com).

Al atardecer, no hay nada mejor que ver la espectacular puesta de sol tomando un delicioso cóctel en el bar del Hilton de Moorea o en el bar del Hotel Tipaniers en Haapiti (www.lestipaniers.com), refugio de los kitesurfers tras sus jornadas surcando las olas. El restaurante La Plantation (www.laplantationmoorea.com) es el lugar para cenar pescado y marisco fresco.

Una perla, un pareo pintado a mano o un tatuaje, son recuerdos de un viaje que queda marcado para siempre. La boutique Tahia Collins (www.tahiacollins.com) vende joyas de originales diseños con las exclusivas perlas negras de Tahití, la isla más gran de la Polinesia Francesa. Moorea se halla a 17 km de Tahití y muy bien conectada. Por mar, hay un ferry con un trayecto de 30 minutos; por aire, la duración del vuelo es de tan solo 10 min.

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