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Viaje a Andorra: la ruta del hábitat ruralAndorra guarda un importante legado histórico y cultural a través de tres edificios que reproducen el estilo de vida de los antepasados andorranos hasta principios del siglo XX. La ruta guiada por la Casa Cristo, la Casa Rull de Sispony y la Casa Areny-Plandolit, permite conocer la explotación racional de los recursos que ofrecía la montaña y su forma de vida.

El itinerario del Hábitat Rural de Andorra incluye la visita a tres casas representativas de la cultura andorrana. La Casa Cristo en Encamp es una muestra de austeridad y reconstruye fielmente el estilo de vida de una familia humilde entre los siglos XIX y mediados del siglo XX. El edificio de tres plantas guarda los enseres de la época. De este modo, en la planta baja se encuentran los espacios dedicados al almacén de las herramientas del campo y la despensa.

En el primer piso transcurría la vida doméstica y se conservan elementos tradicionales como la chimenea, el fregadero de piedra y el mobiliario de la época. En el espacio restante se encuentran dos habitaciones, una de ellas con un espectacular armario de madera. En la planta superior hay otra habitación que guarda los utensilios relacionados con la economía familiar y curiosidades como una caja de novia o elementos de pesca, mientras que en la última planta está el desván.

De la austeridad a la riqueza

El contraste lo pone la Casa Rull de Sispony que fue habitada por la familia Perich hasta 1920 y fue una de las casas más ricas e influyentes de la Massana. Construida en el siglo XVII, ha sabido adaptarse a las circunstancias y a superar problemas económicos, incluso un incendio que obligó a reconstruir parte del edificio. La Casa Rull no sólo era la residencia de la familia, sino que también se realizaban distintas labores orientadas al sector de la agricultura. Pese a su riqueza, no existen grandes lujos.

La ruta también incluye la Casa Areny-Plandolit, que pertenecía a la única familia aristocrática del país y una de las más influyentes de los siglos XVIII y XIX. El mobiliario interior se mantiene fiel a la forma de vida y clase social. Los objetos expuestos recuerdan una época donde el lujo y la ostentación no era habitual en los valles andorranos. No obstante, consigue combinar a la perfección los elementos propios de la montaña con claras reminiscencias de la vida en la ciudad.

Una buena manera de conocer el pasado de Andorra es a través de los museos etnográficos, pero también mediante las rutas por el entorno natural del país de los Pirineos. La biodiversidad es un importante legado que se puede descubrir a través de las rutas Ecoturísticas o los GR (Grandes Recorridos) y encontrarse con espectaculares parajes, algunos de los cuales son Patrimonio Mundial por la UNESCO.

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