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Viaje a Colombia: de los ritmos latinos a la pasión procesionalColombia es vallenato, sanjuanero, bambuco, salsa y merengue. Pero también es fervor y pasión religiosa a ritmo de pasos procesionales. Es el legado de la Colombia que surge en la época colonial, cuando los españoles instauraron la Semana Santa como parte de su calendario de celebraciones católicas. Es el momento de conocer esta Colombia, la de las iglesias y ermitas, la de las procesiones y los ritos religiosos.

Colombia es una joya desconocida en Semana Santa, porque el imaginario colectivo asocia este destino a vacaciones, sobre todo tratándose de zonas como el Caribe, los Andes o las costas del Océano Pacífico. Pero si se considera esta festividad como expresión del sentimiento religioso popular, Colombia es rica en posibilidades. Sólo así pueden comprenderse las celebraciones de la Semana de Pasión en Santa Cruz de Mompox y Sabanalarga, en el Caribe colombiano; Popayán, en las costas del Océano Pacífico; y Pamplona en el departamento Norte de Santander, en la cordillera oriental de los Andes. Y es bajo este prisma religioso cuando puede entenderse la huella que dejó en el acervo colombiano, en los años posteriores a la llegada de Colón a América, la presencia española.

Mompox, Semana Santa en el Caribe colombiano

A 30 minutos de Cartagena de Indias en avioneta, se alza casi intacta y detenida en el tiempo desde el siglo XVIII, Mompox, una isla colonial en mitad del río Magdalena, declarada Patrimonio Histórico y Arquitectónico de la Humanidad por la UNESCO.

Religiosidad católica y misticismo se conjugan en el lema de la ciudad, Tierra de Dios, a los que, se añaden en Semana Santa elementos mágicos y paganos. Estas celebraciones se remontan al siglo XVII, cuando, huyendo de las invasiones piratas, los comerciantes de Cartagena se retiraban a Mompox. Para expiar sus pecados y alcanzar la vida eterna, los ricos cartageneros donaban sus joyas a la iglesia. Este ajuar se exhibe en estandartes, cíngulos y hábitos, y sobre las imágenes, secularmente custodiadas por las familias encargadas del cuidado de los pasos, y conservado por orfebres y plateros del lugar.

El Miércoles Santo los momposinos acuden de gala al cementerio municipal donde se celebra la Serenata a los difuntos, desde la caída de la tarde hasta la madrugada del día siguiente. Al compás de marchas fúnebres, se prenden candelas que iluminan mesas y sillas colocadas alrededor de las tumbas adornadas con flores, para la vela de los familiares. Las procesiones del Viernes de Dolores (llamada del Desprendimiento o Paso Robado, porque los nazarenos lo roban y lo hacen marchar durante 8 horas) y las del Jueves y Viernes Santo son marchadas, mezcla de solemnidad y ritmo: marcha lateral y dos pasos adelante y uno atrás. En el aire, el olor suave y dulzón de la palma de vino, popularmente la Macoya. Huele a Semana Santa.

Popayán, la ciudad blanca

Un decreto municipal de 1675 exhortaba a los habitantes de Popayán, la capital religiosa colombiana por excelencia, a pintar de blanco las fachadas de las casas delante de las cuales desfilarían las procesiones de Semana Santa, autorizadas por Felipe II en 1558. Unas Procesiones que desde 2009 son Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, declaradas por la UNESCO.

Popayán cuenta hoy con el mayor número de iglesias por habitante en Colombia, construidas durante los siglos XVII y XVIII. La Semana Santa en esta ciudad recuerda a las de Valladolid y Sevilla. Las mujeres lucen mantillas blancas, y hábitos azul oscuro y capirotes blancos al estilo sevillano; mientras que los cargueros que mecen los pasos marchan con el rostro descubierto. Son éstos en su mayoría tallas policromadas de origen español de los siglos XVI y XVIII.
Los pasos desfilan adornados con flores, cuyos colores varían según el día: blancas el martes, de color rosa el miércoles, el jueves son rojas, y moradas el sábado. El paso del Resucitado se engalana con flores multicolores. Desde el martes al viernes siguiente al Domingo de Resurrección se celebran las procesiones chiquitas, en la que los cargueros son niños entre los 5 y los 11 años, y  los pasos, réplicas a escala de aquellos portados por los mayores.

Nieblas matutinas y dramatizaciones

Menos añejas que las de Mompox y Popayán, aunque no por ello menos solemnes y populares, son las celebraciones religiosas que tienen lugar en Pamplona, en la cordillera oriental de los Andes, y en Sabanalarga. En esta ciudad del departamento Atlántico, a 45 minutos de Barranquilla, se mezclan las dramatizaciones sobre la Pasión y las procesiones. En la plaza principal de esta singular localidad, el Viernes Santo, mediado el Sermón de las Siete Palabras, se dramatiza la bajada del cuerpo de Cristo de la cruz y su traslado hasta el sepulcro en  la Escenificación de la muerte y exposición del velo. La procesión del Santo Sepulcro, la más solemne de cuantas se celebran en esta población declarada Patrimonio Religioso Cultural por la Asamblea del Atlántico, se prolonga hasta la madrugada. El cuerpo de Cristo muerto es portado en un centenario catafalco dorado esculpido en España.

Pamplona, envuelta en nieblas matutinas, presenta una pintoresca arquitectura colonial. Paralelamente a los desfiles procesionales, caracterizados por su rica ornamentación, destaca en Pamplona la celebración del Festival Internacional Coral de Música Sacra. Desde 1991 se celebra una Semana Santa infantil. Esta es la Colombia menos conocida. Pero también la más intensa y la más devota, en la que el Riesgo es que te quieras quedar.

Más información en www.colombia.travel

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