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Puntarenas, mi puerta de entrada a las islas de Costa Rica

Hay ciudades que llaman la atención por sus monumentos y otras que invitan a mirar hacia el horizonte. Para mí, Puntarenas pertenece a estas últimas. Su posición sobre una estrecha lengua de tierra, en la costa pacífica de Costa Rica, la convierte en un buen punto de partida para descubrir el golfo de Nicoya. Pero antes de embarcar hacia sus islas, propongo dedicar un tiempo a esta ciudad portuaria, pasear junto a la playa y acercarse a su cocina.

Puntarenas, Costa Rica.

A unos 100 kilómetros de San José, Puntarenas mantiene una relación con el mar que explica buena parte de su historia. Durante el siglo XIX fue uno de los grandes puertos de salida del café costarricense. Hoy, esa identidad marinera sigue presente en sus muelles, en sus restaurantes y en la vida de las comunidades del golfo.

Mi punto de partida: el Paseo de los Turistas

Para empezar a conocer Puntarenas, elijo el Paseo de los Turistas. Este recorrido paralelo a la playa reúne restaurantes, puestos de artesanía y quioscos donde hacer una parada mientras se observa el movimiento del litoral.

La gastronomía ocupa un lugar importante en esta primera aproximación. El ceviche puntarenense, preparado con pescado o marisco marinado en limón, es una de las especialidades que recomiendo tener en cuenta. También el Churchill, un granizado dulce con distintas versiones que combinan hielo raspado, sirope, leche condensada y, en las más completas, helado. Una de esas preparaciones que terminan identificándose con una ciudad.

Parque Marino Ballena, en Puntarenas.

Del paseo marítimo propongo continuar hacia el centro, donde se encuentra la Catedral de Puntarenas. Construida a comienzos del siglo XX después de que un incendio destruyera la antigua iglesia de madera, destaca por sus muros de piedra, sus ventanas ojivales y la torre central con cuatro relojes. Me parece interesante detenerse en un detalle de su construcción: se orientó hacia el este para mirar hacia la población. El edificio fue declarado patrimonio histórico-arquitectónico en 2002.

Otra visita que incluiría es el Parque Marino del Pacífico, por su trabajo de educación ambiental, investigación y conservación. Es una manera de acercarse a los ecosistemas marinos del país antes de salir a conocer el golfo.

Isla Tortuga: una excursión entre playas y bosque tropical

Desde Puntarenas, el viaje puede continuar por mar. Entre las excursiones más conocidas está Isla Tortuga, cuyo nombre engloba dos pequeñas islas próximas entre sí: Tolinga y Alcatraz.

Isla Tortuga. Costa Rica.

Aquí encuentro una propuesta para quienes buscan combinar una jornada de playa con actividades en el agua. Tolinga, la mayor de las dos, tiene una playa de arena blanca delimitada por acantilados y un interior cubierto de vegetación. El esnórquel, el kayak, el paddle surf y las caminatas forman parte de las posibilidades de la excursión.

El trayecto desde Puntarenas puede durar alrededor de una hora y media, aunque depende de la embarcación y de las condiciones del mar. Mi consejo es valorar también ese tiempo de navegación como parte del recorrido: permite entender la geografía del golfo y la distancia que separa sus islas.

San Lucas, una isla para acercarse a la historia

Si quiero incorporar una visita histórica al itinerario, pongo el foco en Isla San Lucas. A unos ocho kilómetros de Puntarenas, albergó una prisión entre 1873 y 1991. Desde 2020 es parque nacional de Costa Rica, y sus antiguas instalaciones penitenciarias forman parte de su patrimonio.

Isla San Lucas, Puntarenas.

Los pabellones y calabozos permiten conocer un capítulo de la historia costarricense que también llegó a la literatura a través de La isla de los hombres solos, de José León Sánchez. Fuera del antiguo recinto carcelario, los senderos se adentran en el bosque tropical seco y acercan al visitante a la costa.

Lo que me interesa de San Lucas es precisamente esa convivencia entre memoria y naturaleza. Su visita propone mirar más allá de las playas y dedicar tiempo a comprender qué ocurrió en este pequeño territorio insular.

Chira, una mirada a la vida cotidiana del golfo

Para acercarme a las comunidades que habitan estas aguas, incluyo Isla Chira, la mayor del golfo de Nicoya. La pesca, los manglares y las iniciativas locales permiten plantear aquí una visita centrada en la vida cotidiana.

En Puerto Palito destacan los proyectos vinculados a la pesca responsable. También hay iniciativas de cultivo de ostras impulsadas por mujeres y talleres de artesanía que trabajan con semillas, conchas y otros materiales naturales.

Es una de las propuestas que más me interesan al organizar un recorrido por el golfo: conocer quién vive en las islas, de qué manera se relaciona con el mar y cómo participa en la actividad turística.

Isla Venado y su restaurante flotante

En Isla Venado, la gastronomía vuelve a ocupar un lugar destacado. Entre sus proyectos más singulares está un restaurante flotante gestionado por una cooperativa de pescadores.

Su origen ayuda a entender el valor de la iniciativa. Durante la pandemia, las dificultades para comercializar los camarones cultivados llevaron a los pescadores a buscar otra salida para su producción. Así nació una propuesta que reúne el traslado en lancha, la comida sobre el agua y el contacto con la actividad pesquera local.

Isla Venado, en el golfo de Vizcaya.

Camarones, ceviches y distintos pescados forman parte de una experiencia que tendría muy presente al preparar el viaje. Comer aquí permite acercarse a un proyecto en el que los habitantes de la isla participan directamente.

Venado ofrece además paisajes de bosque tropical seco y manglares, recorridos a pie y otras iniciativas de sus vecinos. Me parece una buena opción para dedicar tiempo a la naturaleza y conocer cómo se organiza una pequeña comunidad del golfo.

Otras islas para ampliar el recorrido

El mapa ofrece más posibilidades. Cedros y Jesusita suman pequeñas playas y vegetación tropical; en Caballo, la pesca artesanal sigue formando parte de la vida cotidiana. El islote Pan de Azúcar, por su parte, destaca como refugio de aves marinas, entre ellas pelícanos pardos.

Puntarenas

Mi propuesta es escoger las visitas según el tiempo disponible y el interés de cada viajero. Tortuga permite organizar una jornada de playa; San Lucas aporta historia; Chira y Venado acercan a las comunidades del golfo. Y entre una salida y otra, reservaría tiempo para volver al paseo marítimo de Puntarenas, sentarme a comer y seguir observando una ciudad cuya vida se explica mirando al mar.

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