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Cinco lugares de Montenegro que te sorprenderán

Un monasterio incrustado en un acantilado. Un bosque de árboles centenarios. Un bordado realizado con cabello humano. Montenegro reúne paisajes e historias que sorprenden más allá de su costa adriática.

En otoño, los bosques del norte se tiñen de ocres y dorados. Mientras tanto, la costa invita a descubrir sus pueblos con temperaturas más suaves que en verano. Después, con la llegada de la nieve, las montañas ofrecen otra imagen del país. Estos cinco lugares que ver en Montenegro son una buena forma de empezar a conocerlo.

El monasterio de Ostrog está encajado en una pared de roca

La primera impresión cuesta olvidarla. La fachada blanca del monasterio de Ostrog parece surgir de un acantilado casi vertical, sobre el valle del río Zeta. La roca abraza el edificio y convierte su ubicación en uno de sus principales atractivos.

Fundado en el siglo XVII por san Basilio de Ostrog, es uno de los grandes centros de peregrinación de Montenegro. Además de fieles ortodoxos, recibe visitantes de otras confesiones y viajeros atraídos por su arquitectura.

Monasterio de Ostrog  © Sergej Zabijako © Promo-Montenegro, 2017

Su silueta destaca sobre la montaña desde la distancia. Sin embargo, acercarse permite apreciar cómo las construcciones se adaptan al relieve. Patrimonio, espiritualidad y paisaje se encuentran aquí en una de las estampas más singulares del país.

Biogradska Gora conserva un bosque primario

Cerca de Kolašin, el Parque Nacional Biogradska Gora protege uno de los bosques primarios que todavía se conservan en Europa. En su interior crecen hayas, abetos y arces centenarios. Algunos ejemplares alcanzan los 500 años.

Este espacio permite acercarse a un paisaje forestal donde los ciclos naturales siguen marcando el ritmo. Los árboles jóvenes conviven con grandes troncos y madera en descomposición, esenciales para la biodiversidad.

Lago de Biograd.

Una de las formas más sencillas de descubrirlo es recorrer el sendero que rodea el lago Biograd. El itinerario circular tiene unos 3,5 kilómetros y atraviesa un entorno especialmente vistoso en otoño. Los reflejos del bosque sobre el agua añaden otro motivo para caminar sin prisas.

Žabljak es la ciudad más alta de los Balcanes

A 1.456 metros sobre el nivel del mar, Žabljak se presenta como la localidad urbana situada a mayor altitud de los Balcanes. Su ubicación la convierte, además, en una base para descubrir las montañas del norte de Montenegro.

A su alrededor se extienden los paisajes del Parque Nacional Durmitor, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial. Entre sus lugares más conocidos destaca el Lago Negro, rodeado de bosque y cumbres.

Parque Nacional Durmitor, en Montenegro

Durante los meses más fríos, la cercana estación de Savin Kuk suma propuestas de esquí y snowboard, siempre sujetas a las condiciones de nieve. Así, un viaje por Montenegro puede combinar el ambiente del Adriático con una escapada a la montaña.

El cañón del Tara alcanza los 1.300 metros de profundidad

El río Tara ha modelado uno de los paisajes más imponentes de Montenegro. Su cañón se extiende a lo largo de unos 80 kilómetros y alcanza alrededor de 1.300 metros de profundidad. Estas dimensiones lo sitúan entre las grandes gargantas fluviales de Europa.

Las paredes de roca, los bosques y el agua del río componen un escenario que cambia con cada estación. En otoño dominan los contrastes de color. En invierno, la nieve puede cubrir las zonas altas.

Cañón del Tara

Uno de sus puntos más conocidos es el puente de Đurđevića Tara, cuyos arcos cruzan el cañón a gran altura. Desde su entorno se aprecia la magnitud de este paisaje, donde el río parece una estrecha cinta entre las montañas.

En la bahía de Kotor se guarda un bordado hecho con cabello

Frente a Perast, en la bahía de Kotor, se encuentra Nuestra Señora de las Rocas. Esta pequeña isla artificial alberga una iglesia vinculada a la historia marinera de la zona.

Perast

Entre sus tesoros destaca una pieza que llama la atención por sus materiales y por la historia que la acompaña. Jacinta Kunić dedicó 25 años, entre 1803 y 1828, a realizar un bordado mientras esperaba el regreso de su marido marinero. En la obra incorporó mechones de su propio cabello.

La visita permite descubrir también las pinturas barrocas de Tripo Kokolja y los objetos votivos relacionados con la vida en el mar. Es un cierre perfecto para este recorrido por un país donde las grandes panorámicas conviven con pequeñas historias.

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