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Turín, entre la razón de Juvarra y la audacia de Guarini

Turín es una ciudad que no te esperas. Piensas que te vas a encontrar simplemente con una urbe elegante y cercana a los Alpes y que, por este motivo, acogió unos Juegos Olímpicos de invierno en el año 2006.

Vía Roma, Turín. Foto © enit.it

Pero lo que no te imaginas es que Turín tiene algunos de los edificios más increíbles de Italia (todavía me acuerdo de la majestuosidad de las escaleras del Palacio Real, de la que no me olvidaré jamás) y que su importancia en la historia del país transalpino fue tal que Italia no sería lo que es hoy sin la ciudad piamontesa.

La antigua capital de la Casa de Saboya y pieza clave en la construcción de la Italia moderna de la que fue, además, su primera capital, Turín se va mostrando poco a poco, sin prisa, pero sin pausa, entre patrimonio, gastronomía y una forma de vivir a la piamontesa. Tuve tres días para recorrerla; este es mi testimonio.

Turín, primer contacto sin estridencias (primer día)

Mi primer paseo por Turín fue, literalmente, una toma de contacto pausada. Las calles porticadas te llevan casi sin darte cuenta de una plaza a otra, de San Carlo a Castello, como si la ciudad estuviera pensada para que no te pierdas y, sobre todo, para que camines sin prisa, incluso cuando llueve, algo habitual en el Piamonte.

Zaguán de entrada a un “palazzo” turínés. La bóveda de casetones decorados en tonos crema y dorado es muy típica de los accesos a “palazzi” de esta ciudad

En ese recorrido se entiende también su lógica urbana: un centro histórico ordenado, de inspiración barroca, donde las grandes plazas funcionan como puntos de anclaje y organizan la ciudad con una naturalidad casi invisible.

Piazza Castello, el sancta sanctorum turinés

La Piazza Castello es el verdadero corazón de Turín y concentra algunos de sus edificios más representativos, como el Palacio Real, antigua residencia de los Saboya y el Palazzo Madama, entre otros. Este conjunto, del que hablaré más adelante en este relato, resume bien el carácter de la ciudad: institucional, equilibrado y profundamente histórico.

Bóveda de la Iglesia de San Lorenzo de Turín, obra de Guarino Guarini

En este mismo entorno y casi sin imponerse, aparece uno de los edificios más singulares de la ciudad: la iglesia de San Lorenzo de Turín. Desde el exterior pasa totalmente desapercibida, pero su interior revela una de las obras maestras del barroco europeo. Diseñada por Guarino Guarini, su cúpula es un ejercicio de complejidad geométrica -no en vano Guarini era matemático- y de dominio de la luz.

Piazza San Giovanni

Muy cerca de este núcleo, casi integrado en el conjunto palaciego, se encuentra la Catedral de San Juan Bautista de Turín, ubicada en la discreta Piazza San Giovanni. A diferencia de otras catedrales italianas, no se abre a una gran plaza monumental ni busca imponerse visualmente. Su fachada renacentista, sobria y construida en mármol blanco, contrasta con el barroco predominante de la ciudad.

La catedral de Turín alberga la Sábana Santa, una de las reliquias más veneradas de la cristiandad

Sin embargo, su importancia es capital: en su interior se custodia la Sábana Santa, una de las reliquias más veneradas del cristianismo, lo que convierte a este templo en un lugar de referencia espiritual a nivel internacional.

Gastronomía a la piamontesa

En el Quadrilatero Romano, el núcleo más antiguo de la ciudad, se articula buena parte de la propuesta gastronómica. Allí destacan establecimientos como la Bruschetteria Pautasso, integrada en el circuito Mangèbin —una iniciativa impulsada por la Cámara de Comercio en colaboración con Turismo Torino e Provincia— que garantiza que al menos el 60 % de los platos ofrecidos pertenezcan a la tradición piamontesa.

Más allá de cualquier tendencia, se trata de un modelo que responde a una voluntad clara de preservación y puesta en valor de la cocina local.

Arquitectura, aristocracia y gastronomía: las bases del modelo urbano de Turín (segundo día)

Superga: el lugar donde Turín se explica

Uno de los momentos clave del viaje fue la subida en tren cremallera a Superga. Llegué por la basílica; me quedé por la vista. Desde arriba, Turín deja de ser una intuición y se convierte en certeza: una ciudad ordenada, abierta, trazada con lógica, con la línea de los Alpes al fondo, cerrando la perspectiva.

Basílica de Superga Foto © enit.it

La basílica, obra del gran arquitecto siciliano Filippo Juvarra, no es solo un hito visual. En su interior reposan las tumbas de la Casa de Saboya, lo que introduce de inmediato la dimensión histórica que atraviesa toda la ciudad.

Vista de la basílica de Superga desde el claustro

Y es ahí donde todo encaja: el paisaje, el poder, la arquitectura y esa sensación persistente de que en Turín nada responde al azar, sino a una idea muy concreta de orden y de representación.

El Turín aristocrático

Desde Superga el siguiente paso casi lógico es dirigirse hacia la colina oriental, al otro lado del Po. Allí, el relato cambia de registro. La Villa della Regina forma parte del conjunto de las Residencias de la Casa Real de Saboya, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, y ofrece una versión más íntima de ese pasado cortesano, alejada de la grandilocuencia de otras residencias.

Interior de la Villa della Regina, que acoge habitualmente exposiciones de arte contemporáneo

Construida en el siglo XVII como villa de recreo, la Villa della Regina conserva un carácter más recogido, casi doméstico dentro de lo palaciego. Sus jardines en terrazas, dispuestos sobre la ladera, funcionan como una prolongación natural de esa mirada elevada que comienza en Superga: distintos niveles que se abren sobre la ciudad, con una vista privilegiada de la Mole Antonelliana, sede del Museo Nacional del Cine de Turín, y refuerzan la relación constante entre arquitectura y paisaje.

Vista de la Mole Antonelliana desde la Villa della Regina

En el interior, las salas decoradas y los pabellones laterales hablan de una corte menos ceremonial, más privada, donde el poder se expresa sin necesidad de imponerse. Todo responde, de nuevo, a una lógica de medida y de control.

Es ahí donde se entiende que este sistema de residencias —con el Palacio Real de Venaria o la Palazzina di Caccia de Stupinigi en el mapa— no es un añadido decorativo: es una estructura territorial y simbólica clave para entender el peso histórico de Turín en la construcción. Y es también en ese punto donde la ciudad empieza a leerse a través de sus arquitectos.

La ciudad como sistema: cuando la arquitectura lo explica todo

Hay un momento en el que te das cuenta de que Turín no se puede entender sin dos nombres propios: Filippo Juvarra y Guarino Guarini. Juvarra es el arquitecto del equilibrio, de las perspectivas limpias, de ese barroco que no necesita excesos para impresionar. Obras como la basílica de Superga, el Palacio Madama o la Palazzina di Caccia de Stupinigi responden a esa idea de orden y claridad que se percibe también en la ciudad.

Cúpula de la capilla de la Sábana Santa

Guarini, en cambio, juega en otra liga. Más experimental, más audaz, introduce soluciones casi matemáticas en sus estructuras. Basta entrar en la Capilla de la Sábana Santa o en San Lorenzo para entenderlo: cúpulas que parecen imposibles, geometrías que descolocan y una sensación constante de que la arquitectura puede ser también un ejercicio intelectual.

Entre los dos construyen el carácter de Turín: una ciudad que oscila entre el control y la sorpresa, entre la razón y el artificio.

Tarde y noche: cuando la ciudad se ordena

La jornada continuó en el Palacio Real de Turín, una de las piezas clave para entender el relato de poder que articula la ciudad. La visita, organizada por Somewhere Tours & Events, se plantea como una experiencia exclusiva: se realiza cuando el palacio ya ha cerrado al público y en un grupo reducido, lo que permite una lectura mucho más precisa y pausada del conjunto. El enfoque es menos convencional: no tanto un recorrido descriptivo como una interpretación estructural del espacio, poniendo el acento en cómo la monarquía de los Saboya construyó su representación a través de la arquitectura.

Sala del trono del Palacio Real de Turín

Y es ahí donde el edificio gana dimensión. La gran escalera marca la jerarquía desde el primer momento: no es solo un elemento funcional, es una declaración de intenciones. A partir de ahí, las salas se suceden con una lógica precisa, entre decoraciones, tapices y mobiliario que refuerzan esa idea de continuidad dinástica.

El recorrido se completa con espacios como el Arsenal, donde la acumulación de armaduras y piezas históricas deja de ser anecdótica para convertirse en parte del discurso: la construcción del Estado, la exhibición de fuerza, la memoria militar como elemento de legitimación.

Detalle de la decoración del Palacio Real de Turín

Por su parte, adosada a la catedral, la Capilla de la Sábana Santa introduce un giro de intensidad. Obra de Guarino Guarini, este espacio es una de las expresiones más sofisticadas del barroco europeo.

La experiencia se completa con un aperitivo turinés en la cafetería del Palacio Real incluido en la propuesta de Somewhere Tours & Events, que traslada esa misma lógica de la representación al plano social: aquí el aperitivo no es un añadido, es parte del ritual urbano.

Museos, cafés y gastronomía: claves para entender Turín (tercer día)

Museos: la historia ordenada

El Museo Egipcio de Turín es uno de los grandes hitos culturales de la ciudad. Considerado el segundo del mundo en su especialidad tras el de El Cairo, reúne más de 30.000 piezas que permiten recorrer de forma cronológica la civilización egipcia.

Entre ellas, conjuntos como el Papiro de Turín o la tumba intacta de Kha y Merit aportan contexto y profundidad a la visita. Pero más allá del volumen, lo relevante es el planteamiento museográfico: un discurso claro, apoyado en criterios didácticos y en una presentación contemporánea que facilita la lectura del conjunto, incluso para quien no es especialista.

A pocos metros, el Palacio Madama funciona como síntesis de la propia ciudad. Su estructura integra restos de la puerta romana original, la evolución medieval como fortaleza defensiva y la intervención barroca posterior, visible en la fachada diseñada por Filippo Juvarra, que transforma el edificio en residencia representativa. Esa superposición no se oculta, sino que se hace visible, convirtiendo el edificio en un ejemplo claro de continuidad histórica aplicada a la arquitectura.

Escalera Palazzo Madama Foto © enit.it

Además de su valor arquitectónico, alberga el Museo Cívico de Arte Antiguo, con colecciones que refuerzan esa lectura de larga duración. Elementos como la gran escalera barroca o las salas dedicadas a artes decorativas ayudan a entender la transición entre función defensiva y representación cortesana.

Cafés y plazas: el ritmo de la ciudad

Entre visitas, la ciudad se articula en torno a sus plazas. La Piazza San Carlo actúa como uno de los principales ejes urbanos, con una continuidad de soportales y cafés históricos que estructuran la vida cotidiana.

Espacios como el Caffè San Carlo mantienen esa tradición. Más que una parada, forman parte del propio recorrido.

Gastronomía: continuidad y producto

La gastronomía aparece de forma constante, con una base clara: respeto por el producto y por el recetario tradicional. En Borgo Po, la tradición chocolatera —una de las más reconocidas de Europa— se entiende no solo como una especialidad, sino como parte del patrimonio cultural de la ciudad. Esa misma identidad se proyecta en eventos como CioccolaTò, que refuerzan el vínculo entre producto, historia y territorio.

Alessandro Spegis (Spegis Cioccolato) es un maestro chocolatero que ha trabajado con Paco Torreblanca, mejor chef pastelero del mundo

En paralelo, trattorias como Bel Deuit o espacios históricos como Porto di Savona, integrados en el circuito Mangèbin, funcionan como una prolongación natural de esa tradición: cocinas sin artificio, centradas en el producto y en un recetario piamontés que se mantiene reconocible y coherente en el tiempo.

El ritual del aperitivo completa ese modelo. En locales como La Drogheria o la Caffetteria Reale, el vermut —originado en Turín en el siglo XVIII— no es solo una bebida, sino un código social: un momento estructurado, con sus propios tiempos y reglas, que articula la transición entre el día y la noche.

El vermút turinés es toda una institución

Esa misma lógica se repite en toda la ciudad. Turín no busca un impacto inmediato. Su propuesta es progresiva y se apoya en una estructura clara: patrimonio, planificación urbana y continuidad cultural. Y cuando lo entiendes, ya no necesitas ver más: basta con quedarte un poco más.

Recomendación final

Para organizar la visita, es útil visitar las webs Turismo Torino e Provincia o Italia.it que ofrecen más información de la ciudad.

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