Hay pueblos cuyas leyendas invitan a mirar el paisaje de otra manera. Es el caso de Cernégula, conocido como el pueblo de las brujas, al norte de Burgos. Sus lagunas y las historias de aquelarres forman parte del atractivo de esta pequeña localidad de la Merindad de Río Ubierna. Con la llegada de Halloween, se convierte en una propuesta para quienes buscan combinar senderismo, naturaleza y misterio.
Cernégula, el pueblo de las brujas de Burgos
Situado a unos 35 kilómetros de Burgos capital, junto al Páramo de Masa, este rincón burgalés propone una escapada alejada de las fiestas multitudinarias. Aquí, el recorrido sigue caminos entre lagunas, mientras la tradición popular pone nombre a los escenarios del paseo.
La leyenda de las brujas de Cernégula
El lugar más vinculado a estas historias se encuentra a las afueras del pueblo. Es La Charca, también conocida como la Laguna de las Brujas, una laguna endorreica que recoge agua de lluvia y del deshielo.
Laguna de las Brujas
Según la leyenda, las brujas se reunían los sábados junto a sus orillas, alrededor de un espino. Allí bebían pócimas, se untaban ungüentos y bailaban mientras invocaban al diablo. Estos relatos pertenecen al imaginario popular que ha dado fama a Cernégula y acompañan hoy la visita a su entorno.
Durante el otoño, la niebla puede añadir una dosis de misterio al paisaje. Sin embargo, basta acercarse a la laguna y escuchar el viento para entender por qué este lugar alimentó tantas historias.
El Sendero de las Brujas: una ruta entre lagunas
La mejor manera de descubrir el entorno es recorrer el Sendero de las Brujas, señalizado como PRC-BU 213. Este itinerario circular comienza y termina en Cernégula. Tiene 11,8 kilómetros, está catalogado como de dificultad baja y su duración orientativa es de tres horas.
Laguna de Cernégula
Además de acercarse a la Laguna de las Brujas, el recorrido pasa por las lagunas de Venta la Perra y Pila Vieja, ambas de origen kárstico. Las paradas permiten disfrutar del paisaje y observar aves acuáticas. Así, el paseo combina las leyendas locales con el interés natural de estos humedales.
Para organizar la caminata, conviene distinguir entre la visita a la charca cercana al pueblo y el recorrido completo. Este último requiere reservar unas horas y llevar calzado adecuado para caminar por el páramo.
Qué ver en Cernégula antes de empezar la ruta
Antes de salir al sendero, merece la pena detenerse en la iglesia de Nuestra Señora de la Natividad. Su portada gótica blasonada y el retablo mayor barroco, dedicado a San Miguel, forman parte del patrimonio de la localidad.
Junto al templo crece otro protagonista de las tradiciones del pueblo: el moral de Cernégula. A este árbol se le atribuyen propiedades mágicas y sagradas, una muestra más de cómo las creencias populares se han unido al paisaje y a la vida del lugar.
Sotopalacios y Poza de la Sal para completar la escapada
La visita puede ampliarse con una parada en Sotopalacios. Allí se encuentra la casa-palacio de los Tiros, vinculada a la familia Díez-Ortega. Su nombre se relaciona con las cuatro piezas de artillería que, al parecer, lucía en sus muros. Otro de sus monumentos destacados es el castillo, conocido popularmente como Palacio del Cid.
Sotopalacios
Otra opción es continuar hacia Poza de la Sal, localidad natal de Félix Rodríguez de la Fuente. Sus calles, las salinas y el castillo de los Rojas ofrecen motivos para alargar el viaje. Además, el centro de interpretación de las salinas permite conocer el origen del yacimiento y el proceso tradicional de obtención de la sal.
Monumento a Félix Rodríguez de la Fuente en Poza de la Sal.
Entre lagunas, patrimonio y relatos de brujería, Cernégula propone un Halloween al aire libre. Una escapada para caminar por el norte de Burgos y descubrir las historias que siguen dando vida a sus paisajes.