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Cuando llegas por primera vez a Nueva York tienes la sensación de estar en una película. Muchos de los rincones de la justamente denominada capital del mundo están grabados en nuestra retina ya que, cuando paseas por ellos, tienes la sensación de haberlos visto antes. Calles como la Quinta Avenida o Brooklyn o lugares emblemáticos como Times Square o Central Park son familiares para todos sin que la mayoría haya visitado la ciudad anteriormente. Nueva York es bullicio, ajetreo, taxis de color amarillo, gente que camina frenéticamente por las calles y muchas veces sin un rumbo fijo. Nueva York es una ciudad viva, en la que la gente trabaja durante el día y la noche. En definitiva, Nueva York es la ciudad que nunca duerme.

Día 1: Toma de contacto con la ciudad

Aterrizamos en el aeropuerto de Newark, el más desconocido del área de Nueva York, ubicado en el estado de Nueva Jersey. Desde allí tienes la opción de coger un tren que te lleva en una media hora al centro de Manhattan o, por unos 45 €, tomar un taxi hasta el centro de la isla. Después de ocho horas de vuelo optamos por el taxi, con la ventaja que sabíamos lo que íbamos a pagar desde un principio ya que te informan del precio del trayecto antes, evitando así llevarte ningún susto que te haga empezar el viaje con mal pie.

Taxista neoyorquino

Taxista neoyorquino

Nuestra residencia durante cinco días estaba en pleno Manhattan, en el residencial Greenwich Village, una zona bohemia de edificios bajos donde se puede respirar la esencia más cool (como dicen constantemente los neoyorquinos) de la isla. En el Village hay un ambiente joven e intelectual, quizás por el hecho de que la Universidad de Nueva York se encuentra ubicada en esta zona. El barrio está rodeado por la calle Broadway al este, el río Hudson al oeste, la calle Houston al sur y la calle 14 al norte.

La calle Broadway es uno de los ejes turísticos de Nueva York

La calle Broadway es uno de los ejes turísticos de Nueva York

Después de aposentarnos y descansar brevemente (es recomendable irse a dormir lo más tarde posible para adaptarse al huso horario rápidamente) fuimos a dar una vuelta por los alrededores del apartamento y descubrimos los encantos del Soho y de Little Italy. El Soho, cuyo nombre significa South of Houston Street (sur de la calle Houston), es una de las zonas más caras de Manhattan. Para que se hagan una idea, el alquiler de un apartamento de unos 40 metros cuadrados ronda entre los 2200 y los 2500 €. Sí que es cierto que los sueldos son más altos que en España, pero el neoyorquino invierte más de la mitad de éste en el arrendamiento de su vivienda.

Los taxis amarillos son verdaderos emblemas de Nueva York

Los taxis amarillos son verdaderos emblemas de Nueva York

Después de las cifras mencionadas muchos pensarán que el Soho está lleno de edificios lujosos y ostentosos. Pues nada más lejos de la realidad. Los bloques son antiguos y austeros, de hecho, muchos de ellos son antiguas fábricas reconvertidas en lofts con escaleras de incendio exteriores, al más estilo cinematográfico. El Soho se puso de moda en los años 60 y 70 cuando muchos artistas bohemios instalaron allí sus estudios, pero desde hace unos años es uno de los barrios más in de Nueva York.

Comer bien en Nueva York no es difícil pero los precios son bastantes más elevados que en España. Eso sí, pueden encontrar casi todos los tipos de cocina que existen en el mundo. El primer día nos decantamos por la cocina oriental, concretamente por la japonesa, en un restaurante situado en la calle Houston y en el que pudimos degustar un exquisito sushi de bonito. Pero la mayor sorpresa nos la llevamos al irnos a dormir. Teníamos la gran suerte de estar hospedados en uno de los edificios más altos del Village, el 250 de Mercer Street, y todavía no éramos conscientes del espectáculo que estábamos apunto de observar desde su terraza: los imponentes rascacielos iluminados del Bajo Manhattan (Downtown).

Vista nocturna de Downtown

Vista nocturna de Downtown

Cuando la noche iba avanzando las luces de estos edificios se iban encendiendo y apagando en un sin cesar movimiento de oficinas y comercios.

Día 2: Central Park y Midtown

Madrugamos para aprovechar el día que iba a ser bastante completo. Teníamos previsto visitar Central Park y las inmediaciones de la Quinta Avenida, así que no podíamos perder el tiempo. Para moverse por Manhattan el transporte más rápido es, sin duda, el metro. Cuesta unos 2 dólares por trayecto pero como íbamos a tomarlo más de una vez nos salía más a cuenta comprar un bono que permite ahorrar algún dinero. Aún así, el metro de Nueva York sigue siendo bastante caro.

Central Park, el pulmón de Nueva York

Central Park, el pulmón de Nueva York

Durante el día es seguro y, aunque se ve bastante viejo, es una verdadera atracción turística porque por él transita gente de todo tipo. Ahora está penalizado pintar graffitis en él e incluso denunciar a aquellos que lo hacen está recompensado económicamente con unos 500 dólares. En Nueva York hay más de 20 líneas de metro, algunas que paran en todas las estaciones (locales) y otras que sólo lo hacen en las principales (express), así que hay que fijarse cuál de ellas toman porque fácilmente se pueden pasar de parada y, un error de este tipo en Nueva York, puede suponer una gran pérdida de tiempo. Desde el Village cogimos el metro y nos paramos en Columbus Circle justo en la esquina inferior este de Central Park. Este parque se encuentra en el centro de la isla de Manhattan y ocupa una superficie de 345 hectáreas. Para hacerse una idea de las dimensiones de este parque está situado entre la calle 110 y la 59, es decir, tiene una longitud de más de 50 calles.

Central Park es un lugar ideal para correr, montar en bicicleta o dar un largo paseo. Cuando penetras en el parque parece que estés en un bosque frondoso y te olvidas que estás en el corazón de una de las ciudades más grandes del mundo. Es muy recomendable recorrerlo a pie, pero tienes otras opciones más cómodas para visitarlo. Escogimos un medio de transporte bastante curioso, una especie de vehículo a pedales. El conductor se llamaba Rodolfo, un neoyorquino de origen puertorriqueño, que por 45 dólares y en un gracioso spanglish, nos fue explicando la historia y sitios más visitados del parque más famoso del mundo.

Central Park ha sido el plató exterior de más de 800 películas. Títulos como Kramer contra Kramer, Tienes un e-mail, entre muchos otros, se han rodado en este gran pulmón urbano. A lo largo del paseo pudimos ver el lugar donde el gran ajedrecista Bobby Fisher practicaba este deporte o la fuente de la televisiva serie Friends. Uno de los emplazamientos más emblemáticos es el Strawberry Fields‘, todo un homenaje y a su vez santuario dedicado al músico John Lennon situado justo enfrente del edificio donde vivió los últimos años de su vida.

Uno de los emplazamientos más emblemáticos es el ''Strawberry Fields'', todo un homenaje y a su vez santuario dedicado al músico John Lennon situado justo enfrente al edificio donde vivió los últimos años de su vida.

Uno de los emplazamientos más emblemáticos es el ”Strawberry Fields”, todo un homenaje y a su vez santuario dedicado al músico John Lennon situado justo enfrente al edificio donde vivió los últimos años de su vida.

Después de nuestro recorrido por Central Park nos dirigimos a la Grand Army Plaza situada entre la Quinta Avenida y la calle 59, donde se levanta el famoso Hotel Plaza. Allí nos dimos cuenta realmente de la inmensidad de Nueva York: edificios altos de hormigón y cristal como nunca habíamos visto, calles concurridas, taxis amarillos por doquier, gente de cualquier rincón del mundo… Estábamos en Midtown. Empezamos a recorrer la Quinta Avenida y vimos los tiendas más famosas del mundo y también, por qué no decirlo, las más inasequibles para los bolsillos de gran parte de la humanidad. Buscamos con la mirada la joyería Tiffany’s (Quinta Avenida con la calle 57) y nos vinieron a la memoria los deseos inalcanzables de Holly, personaje que inmortalizara Audrey Hepburn en Desayuno con Diamantes.

El tráfico en Manhattan es incesante

El tráfico en Manhattan es incesante

Seguimos recorriendo Midtown y en la calle 51 entre la Quinta y la Sexta Avenida se alza el Rockefeller Center, el centro comercial y de entretenimiento más importante de los Estados Unidos que engloba 19 edificios interconectads por canales subterráneos y a los que se puede acceder por el metro. Bajando por la sexta Avenida en la esquina con la calle 42 nos topamos con un lugar ideal para descansar y comer un tentempié, el Bryant Park.

Vista de los edificios de Midtown a la altura del Bryant Park

Vista de los edificios de Midtown a la altura del Bryant Park

Este parque, ubicado justo al lado de la Biblioteca pública de Nueva York, es un verdadero remanso de paz y de tranquilidad en medio de tanto bullicio. Después de reposar y reponer fuerzas con dos típicos sandwiches seguimos nuestro camino por la calle 42. Nuestro destino era el edificio Chrysler, un bello rascacielos de los años 30, emblema del Art Decó neoyorquino. El Chrysler tuvo el honor de ser, aunque tan sólo por un año, el edificio más alto de Nueva York. ¿Saben qué construcción le arrebató esta distinción? Pues uno ubicado a diez calles al sur y que fue nuestra siguiente parada en nuestra ruta por Midtown, el Empire State.

El edificio Chrysler es el emblema del Art Decó neoyorquino

El edificio Chrysler es el emblema del Art Decó neoyorquino

El Empire State Building fue construido durante la Gran Depresión. Algunos números que lo avalan son los siguientes: 102 plantas, 381 metros de altura, 73 ascensores y 1860 escalones. Desde la calle, el Empire es casi inalcanzable con la mirada. De hecho, una de las consecuencias de nuestro recorrido por Midtown fue un leve dolor de cuello, ya que te pasas gran parte del día mirando hacia arriba. Con la visita al Empire State y después de hacer más de una hora de cola para subir y divisar unas de las panorámicas más increíbles de Manhattan, finalizamos nuestro primer día completo en Nueva York. Por la noche, extenuados de tanto caminar, optamos por cenar en un acogedor restaurante italiano, como no, en Little Italy. Después todavía tuvimos fuerzas para disfrutar de una emocionante sesión del blues más auténtico y genuino en un club del Soho.

Día 3: Brooklyn y Downtown

Nueva York no es tan sólo Manhattan, aunque para muchos sí lo sea. La ciudad de Nueva York es la fusión de cinco distritos: Manhattan, Brooklyn, Queens, Bronx y Staten Island, que suman un total de más de ocho millones de habitantes. Aunque el área metropolitana de Nueva York, la conocida tristate (formada por Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut) es una de las más altamente pobladas del planeta con casi 22 millones de personas. La tercera jornada en la Gran Manzana nos levantamos más tarde de lo previsto fruto del agotamiento de los dos días anteriores y nos dirigimos hacia Brooklyn, uno de los cinco distritos antes mencionados. El día era gris y hacía bastante frío pero esto no puso freno a nuestras ganas de conocer la ciudad. Como no, tomamos el metro y nos bajamos en el ayuntamiento de Nueva York (City Hall) situado en el Downtown. Desde allí nos dirigimos andando hacia Brooklyn y cruzamos a pie el famoso puente del mismo nombre sobre el río Este.

Puente de Brooklyn

Puente de Brooklyn

Cuando se inauguró a finales del siglo XIX era, con 1800 metros, el puente colgante más largo del mundo. Paseando por él se puede ver el característico cableado y los arcos de medio punto situados en las torres que lo mantienen. Por debajo transcurren los coches y por la parte superior los peatones y las bicicletas. Nada más llegar a Dumbo (cuyas siglas en inglés significan debajo del puente de Manhattan) fuimos a tomar un chocolate caliente al Jacques Torres Chocolate, un verdadero placer para los sentidos. Nuestra elección para comer fue uno de los lugares más genuinos y familiares del distrito, el Bubby’s Brooklyn, donde los niños cenan gratis los sábados por la noche.

De vuelta a Manhattan y ya por la tarde, visitamos uno de los sitios más tristes que pudimos ver en Nueva York, la Zona Cero, una inmensa explanada, ahora en obras, donde se ubicaron las imponentes Torres Gemelas y en la que todavía se pueden ver las consecuencias de la barbarie terrorista. Algunos edificios de alrededor conservan aún algunas heridas del brutal ataque de septiembre de 2001. La Zona Cero es un lugar de culto donde todo aquel que lo visita muestra su respeto y en el que es fácil ver a personas con emociones contenidas que acuden al lugar donde murieron sus seres queridos. En la actualidad se está construyendo el Memorial 9/11, que recordará a las víctimas del 11S.

Tras unos minutos de reflexión seguimos nuestro recorrido hacia el World Financial Center, a la orilla del río Hudson y nos sentamos en el Battery Park para descansar unos minutos y ver la cantidad de Ferries que parten y atracan constantemente en la isla de Manhattan. De vuelta, tuvimos un poco de tiempo para las compras en los concurridos almacenes Century 21, justo enfrente de la Zona Cero, y donde después de mucho rebuscar se puede encontrar alguna ganga.

Grupo musical en una actuación en pleno Harlem

Grupo musical en una actuación en pleno Harlem

De regreso al apartamento pasamos por Chinatown, sin duda uno de los barrios más insignes de Manhattan. Canal Street, la arteria principal de Chinatown, está llena de puestos donde venden las más perfectas imitaciones de las grandes marcas. Es curioso que éste fue el lugar donde vimos más españoles comprando, quizás porque era más económico que otros comercios o quizás para resarcir sus ansias de aparentar. De vuelta hacia el Village por la calle Broadway respiramos la más pura esencia de Manhattan con tiendas de todo tipo, gente con la indumentaria más variopinta, tráfico incesante… Es muy curioso que Nueva York está plagado de locales donde, por un módico precio, te hacen la manicura y la pedicura o te dan un masaje relajante. Después de unas jornadas caminando no desaprovechen la oportunidad de darse un merecido descanso. Por la noche fuimos a degustar las delicias de la comida mexicana en un restaurante del acomodado barrio de Chelsea y cerramos la jornada con una animada actuación en vivo en uno de los muchos locales nocturnos del West Village.

Día 4: The Cloisters

El cuarto día que nos levantamos en Nueva York teníamos la sensación que llevábamos allí más de un mes. Como hacía buen día nos recomendaron hacer una excursión a The Cloisters, el único museo dedicado al arte medieval de todos los Estados Unidos. Perteneciente al MOMA, en The Cloisters se pueden ver auténticos claustros traídos desde España y Francia. Además de tener un gran valor artístico, merece la pena visitar el museo porque se encuentra en una zona privilegiada al noreste de Manhattan, en el Ford Tyron Park, una extensa zona verde desde la que se divisan unas vistas únicas del río Hudson, del Harlem y de Central Park. De vuelta a Midtown visitamos uno de los sitios más concurridos e iluminados de Nueva York, Times Square. Esta plaza tiene forma triangular y es un verdadero espectáculo tanto de día como de noche. Los destellos de luz y de color que desprenden los numerosos anuncios y paneles publicitarios son impresionantes.

La profesión de "paseador de perros" es muy común en NY; Estatua de la Libertad; Times Square

La profesión de “paseador de perros” es muy común en NY; Estatua de la Libertad; Times Square

Desde Times Square nuestro siguiente destino fue el MOMA (Museum of Modern Arts) ubicado en la calle 53 y verdadero santuario del arte moderno. En este lugar se conservan obras de artistas tales como Pollock, Warhol, Picasso, Kandinsky o Hopper. En Nueva York existen gran cantidad de museos como el Metropolitan, el de Historia Natural o el Guggenheim, pero necesitaría una larga estancia si quisiera visitarlos todos. Después de comer un sabroso pero efímero hotdog delante del MOMA (en Nueva York existen infinidad de puestos que venden los típicos perritos calientes) nos dirigimos a la calle 42 confluencia con el río Hudson. Allí, por 25 dólares por persona, pudimos tomar un barco que rodeaba la parte sur de la isla de Manhattan. Desde la embarcación tuvimos una vista diferente del peculiar skyline de la isla cuando el sol va tomando tonos rojizos a medida que va avanzando la tarde.

Atardecer en Manhattan

Atardecer en Manhattan

Divisamos el barrio de Tribeca y el Rockefeller Park, pero quizás lo que nos llamó más la atención estaba justo enfrente de la isla de Manhattan, uno de los monumentos más insignes de los Estados Unidos de América, la Estatua de la Libertad. Para ser sinceros creíamos que sería mucho más grande quizás porque no la vimos desde muy cerca. El barco que tomamos no paraba en la isla, al contrario de aquellos que parten desde Battery Park, en Manhattan, o desde Liberty State Park en Nueva Jersey. Al lado de esta isla se encuentra Ellis Island, donde desembarcaron más de doce millones de inmigrantes que querían entrar en los Estados Unidos entre 1892 y 1924 y que ahora alberga un interesante museo.

Vista del Puente de Brooklyn desde el río Este

Vista del Puente de Brooklyn desde el río Este

Dejamos atrás el río Hudson y empezamos a subir por el río Este. Pasamos por debajo de los puentes de Brooklyn, Manhattan y Williamsburg hasta llegar al otro extremo de la calle 42, donde se alza imponente el edificio que alberga la sede de las Naciones Unidas. En el recorrido de vuelta, ya de noche, vimos el Puerto de Nueva York y todo Manhatttan iluminado desde el agua, una verdadera maravilla para la vista. Esa noche optamos por probar la típica cocina americana y reservamos mesa en un Steak House (en español sería algo así como casa del filete) y degustamos una sin igual carne americana acompañada de patatas asadas de Ohio. A continuación salimos por el barrio más de moda de Nueva York, el Meat Packing District, donde en la actualidad se da cita toda la beautiful people neoyorquina.

Día 5: de regreso a Barcelona

La mañana del último día de estancia en Nueva York la dedicamos a hacer algunas compras y a recorrer algunos de los centros comerciales más famosos de la ciudad como Bloomingdales, Columbus Circle o el Macy’s. En las tiendas neoyorquinas es casi imposible que no encuentre su talla por muy pequeña o grande que sea ésta. Paseamos de nuevo por la calle Broadway y subimos hasta la confluencia de ésta con la Quinta Avenida y la calle 23, donde se encuentra uno de los edificios más curiosos y antiguos de Nueva York, el edificio Fuller, más conocido como Flatiron llamado así porque se parecía a las planchas de la época.

Atardecer en Downtown

Atardecer en Downtown

De vuelta hacia el Greenwich Village atravesamos varias plazas emblemáticas de la zona como Union Square o Washington Park Square antes de ir a comer unas deliciosas hamburguesas y regresar al apartamento para hacer las maletas. Nuestro viaje a Nueva York había acabado pero nuestra fascinación por esta ciudad no había hecho más que empezar.

¿Cómo llegar?

Numerosas líneas aéreas tienen vuelos directos entre España y Nueva York. Delta Air Lines, Continental Airlines, Iberia,  American Airlines, entre otras.

Información turística:
www.usatourist.com
http://www.nycgo.com/

Más información en la Embajada de Estados Unidos www.embusa.es

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