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Viajar a Egipto se tiene que hacer una vez en la vida. Este país africano, que quiere retomar su liderazgo en lo que a turismo se refiere después de la agitada Primavera Árabe, avanza poco a poco para convertirse de nuevo en un destino de primera línea seguro y acogedor para el turista. El Cairo, Alejandría o el Mar Rojo son algunos de los enclaves más visitados de esta república. No obstante, los cruceros por el Nilo son indispensables para conocer a fondo los imponentes templos que construyó esta enigmática civilización milenaria.

El Nilo le da la vida a Egipto. Sin este río, que hasta 2008 fue considerado el más largo del mundo, Egipto sería totalmente desértico. Un buen lugar en el que embarcar para hacer un crucero por este río es en la ciudad de Lúxor, a la que se llega en tan solo una hora y media en avión desde El Cairo. Lúxor, que en la actualidad vive básicamente del turismo y de la agricultura, ha tenido varios nombres a lo largo de la historia: los antiguos egipcios la llamaban Uast, que significaba cetro; los griegos la denominaron Tebas porque se parecía a la homónima ciudad griega; y los árabes la bautizaron como Lúxor o palacios con mil puertas.

Crucero por el Nilo, el segundo río más largo del mundo/Foto Juan Coma

Crucero por el Nilo, el segundo río más largo del mundo/Foto Juan Coma

Lúxor fue capital del antiguo Egipto durante más de 1500 años. Por este motivo aquí se concentran algunos de los más importantes monumentos de este país como los templos de Lúxor y de Karnak, el Valle de los Reyes y de Las Reinas y los colosos de Memnón.

Un recorrido por Lúxor

Descubierto en 1884, el Templo de Lúxor, dedicado a Amón el dios egipcio del viento, es sin duda una de los más espectaculares de Egipto. Fue edificado entre los años 1400 y 1000 A.C. por los faraones Amenhotep III y Ramsés II. El primero construyó la parte interior mientras que el segundo levantó el recinto exterior, añadiendo la fachada, los colosos y los obeliscos. Está comunicado con el templo de Karnak a través de la Avenida de las Esfinges, que se reabrió de nuevo al público en 2012 tras cinco años de intensos trabajos.

Entrada al Templo de Luxor/Foto Juan Coma

Entrada al Templo de Luxor/Foto Juan Coma

En este sentido, el Templo de Karnak es el más grande de Egipto. Tiene un perímetro de 2.400 metros y está rodeado por una muralla de adobe de 8 metros de grosor. Construido por multitud de faraones entre los años 2200 y 360 a.C., contiene en su interior el gran templo de Amón, otros santuarios menores, capillas y el gran lago sagrado.

Sala hipóstila del templo de Karnak/Foto Juan Coma

Sala hipóstila del templo de Karnak/Foto Juan Coma

Aunque lo más espectacular del templo es su sala hipóstila que, con una superficie de más de 5.000 metros cuadrados, alberga 134 columnas, de las que las 12 centrales son más anchas y elevaban el techo, ahora destruido, a 23 metros de altura. Es muy recomendable visitar estos templos de noche ya que la iluminación hace que todavía sean mucho más majestuosos.

El Valle de los Reyes es la necrópolis de Egipto donde están enterrados muchos de los faraones del Imperio Nuevo. En el valle, que se denominó Ta Iset Maat (el lugar de la verdad), se han descubierto más de 60 tumbas talladas en las rocas. El primer faraón que fue enterrado aquí fue Tutmosis I, que reinó durante la XVIII dinastía. Por su parte, el Valle de las Reinas, al sudoeste del Valle de los Reyes, es la necrópolis del antiguo Egipto donde fueron enterrados reinas y príncipes de las dinastías XIX y XX.

Entrada al Templo de Hatshepsut/Foto Juan Coma

Entrada al Templo de Hatshepsut/Foto Juan Coma

Uno de los templos que merece la pena visitar por su singularidad es el Templo de Hatshepsut o Templo de Deir el-Bahari, excavado en la roca en el valle de Deir el-Bahari, situado junto a Lúxor. Diseñado por el arquitecto Sennen Mut, lo mandó construir Hatshepsut, la única mujer que reinó en Egipto durante un largo periodo. Tiene una parte escavada en la roca y otra en el exterior formada por tres terrazas.

Detalle de la entrada al Templo de Hatsepsut/ Foto Juan Coma

Detalle de la entrada al Templo de Hatsepsut/ Foto Juan Coma

En el templo hay pocos restos de Hatshepsut, ya que tras su muerte, su hijastro Tutmosis III, al que arrebató el trono 20 años atrás, destruyó todo lo que le recordaba a ella. Sin embargo de este faraón sí que hay estatuas en el templo.

Colosos de Memnón/Foto Juan Coma

Colosos de Memnón/Foto Juan Coma

No podemos irnos de Lúxor sin visitar los colosos de Memnón, dos estatuas de 18 metros de altura, que son los únicos restos del templo funerario de Amenhotep III que se encontraba en la zona y que fue destruido por un terremoto.

De camino a Asuán: templos de Edfu y Kom Ombo

En Edfu, a unos 90 kilómetros de Luxor, está el templo mejor conservado de Egipto y el más importante después del de Karnak. Dedicado al dios halcón Horus, hijo de Isis y de Osiris, esta construcción representa el típico templo egipcio con el pilono, el patio, dos salas hipóstilas, una cámara de ofrendas, la sala central y el santuario.

Detalle del Templo de Edfu/Foto Juan Coma

Detalle del Templo de Edfu/Foto Juan Coma

El templo de Edfu se caracteriza por su iluminación. Cada vez que el visitante se adentra en el templo la luz se va haciendo más tenue hasta llegar al santuario, que recibe la iluminación sólo desde el eje.

Templo de Kom Ombo/Foto Juan Coma

Templo de Kom Ombo/Foto Juan Coma

Por su parte, el de Kom Ombo, ubicado en la localidad del mismo nombre, es un templo único ya que es doble y simétrico y está dedicado a dos dioses: a Sobek, el dios cocodrilo, y a Horus, la deidad de la venganza.

Una visita a Asuán

Situada a unos 900 km al sur de El Cairo, Asuán es un destino tranquilo del valle del Nilo, donde este río es más bello que en ningún otro lugar y fluye entre rocas de granito e islas cubiertas de palmeras y plantas tropicales. Esta ciudad de Egipto es ideal para pasear y relajarse viendo navegar las falucas que surcan lentamente el Nilo.

El río Nilo desde la localidad de Asuán/Foto Juan Coma

El río Nilo desde la localidad de Asuán/Foto Juan Coma

Esta ciudad también cuenta con un importante patrimonio monumental. Por ejemplo, se puede navegar hasta el templo de Philae, dedicado a la diosa Isis, que se encuentra en una isla del Lago Nasser, creado artificialmente como resultado de la construcción de la Presa de Asuán entre 1958 y 1970. Este templo, al igual que el emplazamiento de Abu Simbel, tuvo que ser desmontado bloque a bloque y trasladado a una isla que estaba más elevada.

Templo de Philae/Foto Juan Coma

Templo de Philae/Foto Juan Coma

Otros monumentos que se pueden visitar en Asuán son el el mausoleo del Agha Khan, el obelisco inacabado o la Isla Elefantina donde hay numerosas ruinas que forman parte del Patrimonio de la Humanidad desde 1979.

Vistas del Nilo desde la Isla Elefantina/Foto Juan Coma

Vistas del Nilo desde la Isla Elefantina/Foto Juan Coma

Una excursión a Abu Simbel

Hay quien dice que, si no se visita Abu Simbel, no se conoce realmente Egipto. Y sinceramente merece la pena levantarte a las tres de la mañana y hacer el recorrido en autobús de unas cinco horas desde Asuán hasta llegar hasta este impresionante yacimiento arqueológico. Abu Simbel está formado por dos templos: el de Riamsese-Meryamun, construido por Ramsés II, y el de Hathor dedicado a la reina Nefertari.

Fachada del Gran Temblo de Abu Simbel con las cuatro estatuas sedentes del faraón Ramsés II/ Foto Juan Coma

Fachada del Gran Temblo de Abu Simbel con las cuatro estatuas sedentes del faraón Ramsés II/ Foto Juan Coma

El primero, llamado también Gran Templo de Abu Simbel, se encontró a principios del siglo XIX. Entre 1964 y 1968 fue desmontado y trasladado de su emplazamiento original, como consecuencia de la construcción de la gran presa de Asuán. Cuenta con una impresionante fachada excavada en la roca de 35 metros de anchura por 30 metros de altura, en la que están los 4 famosos colosos sedentes de Ramsés II con el nemes, la doble corona de las dos Tierras.

Abu Simbel/Foto Juan Coma

Abu Simbel/Foto Juan Coma

Por su parte, el templo de Hathor, realizado en la misma época que el gran templo, cuenta con una fachada compuesta por 6 colosos de pie excavados en la roca que representan a Ramsés II y a su esposa la reina Nefertari.

Guía práctica

Idioma: La lengua oficial es el árabe aunque en las zonas turísticas se hablan, inglés, francés e incluso español.

Moneda: Libra Egipcia. Es muy recomendable llevar billetes pequeños para dar propinas (en pequeñas cantidades). El euro lo aceptan la mayoría de los comercios y vendedores ambulantes.

En la maleta son indispensables…. Las gafas de sol, gorra o sombrero y protección solar. Además es muy recomendable llevar calzado cómodo y ropa de algodón (transpirable).

Una recomendación Es aconsejable registrar la entrada de cámaras de video en el país (las de fotografía no hace falta), también se enseñarán a la salida en la aduana.

Puesta de sol en el Nilo/Foto Juan Coma

Puesta de sol en el Nilo/Foto Juan Coma

¿Cómo llegar? 

Para viajar desde España, el modo más fácil de llegar a Egipto es el avión. Egipto tiene 10 aeropuertos internacionales que dan la bienvenida a millones de turistas y visitantes cada año. Además, para desplazarse de El Cairo a Luxor o Asuán, el medio de transporte más rápido es el aéreo. La aerolínea nacional, EgyptAir, vuela desde las ciudades principales del continente europeo, Norteamérica, Oriente Medio, África y Asia y se encarga también de los vuelos internos. Egyptair vuela en verano a diario desde Madrid y Barcelona a El Cairo. Desde julio a octubre de 2013 habrá un vuelo los lunes desde Madrid a Luxor.

 

 

 

 

 

 

Más información en: www.egypt.travel

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