Essaouira, la ciudad atlántica de Marruecos que vive al ritmo de los alisios
Situada en la costa atlántica, a unas tres horas por carretera de Marrakech, la bohemia y marinera Essaouira conserva el carácter de una ciudad portuaria. Aquí el sonido del viento se entremezcla con los graznidos de las gaviotas, el bramido de las olas y el murmullo de las conversaciones en sus terrazas.

Puertas de Essaouira. Foto Pixabay
Su medina amurallada mira directamente al océano. Tras sus puertas aparecen calles con fachadas blancas, contraventanas azules, talleres artesanos y pequeñas plazas en las que siempre parece haber tiempo para detenerse, hacer una pausa y comprar algún recuerdo.

Puerto de Essaouira. Foto Juan Coma
La antigua Mogador no busca impresionar con grandes monumentos. Su atractivo nace del conjunto. Está en la luz que se refleja sobre las fachadas. También en el olor a madera de tuya, en los puestos del mercado y en los pescadores que regresan al puerto con las capturas del día.

Medina de Essaouira. Foto Juan Coma
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Una medina abierta al Atlántico
La medina de Essaouira fue declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2001. Su trazado es más ordenado que el de otras ciudades históricas de Marruecos. Las calles principales se cruzan formando una estructura bastante sencilla. Por eso resulta fácil orientarse, difícil perderse y recorrerla sin prisas.

Medina de Essaouira. Foto Juan Coma
La plaza Moulay Hassan es uno de sus principales puntos de encuentro. Se encuentra entre la medina y el puerto. A su alrededor se concentran cafés, restaurantes y terrazas desde las que observar el movimiento cotidiano.

Plaza Moulay Hassan
Desde la plaza se puede entrar en las calles comerciales. Allí se suceden tiendas de alfombras, cerámica, especias, cuero y cestería. También abundan los talleres dedicados a la madera de tuya, uno de los productos artesanos más característicos de la zona, y tiendas de productos cosméticos donde reinan el aceite de argán y el de higo chumbo.

Puesto callejero donde se vende el higo chumbo
Sin embargo, la medina no es únicamente un escenario pensado para los visitantes. En sus calles continúan funcionando panaderías, carnicerías, pequeñas tiendas de alimentación y mercados frecuentados, sobre todo, por los vecinos. Esa convivencia mantiene una atmósfera auténtica y cotidiana.
Unas murallas que miran al océano
Uno de los lugares más reconocibles de Essaouira es la Skala de la Kasbah. Esta plataforma defensiva formaba parte del sistema de fortificaciones levantado durante el siglo XVIII. Sus cañones todavía apuntan hacia el Atlántico.

Skala de la Kasbah. Foto Juan Coma
Desde este punto se contempla una de las imágenes más conocidas de la ciudad. Las murallas de piedra se recortan frente al mar, mientras las olas golpean los islotes cercanos, las gaviotas sobrevuelan las fortificaciones y el viento entra con fuerza desde el océano.
El paseo por esta parte de la medina permite comprender la estrecha relación de Essaouira con el mar. Asimismo, descubre rincones donde se instalaron talleres, galerías de arte y pequeñas tiendas.

Skala del Puerto. Foto Juan Coma
Muy cerca se encuentra la Skala del Puerto. Desde allí se obtiene una perspectiva diferente de la ciudad amurallada. Las fachadas blancas se levantan detrás de las murallas, con el perfil de las mezquitas sobresaliendo sobre los tejados.
Un puerto lleno de color y movimiento
El puerto pesquero es otro de los espacios imprescindibles y es también uno de los lugares más intensos de Essaouira. Las barcas azules se agrupan junto a los muelles mientras los pescadores descargan cajas, reparan redes y preparan las embarcaciones para volver a salir al océano.

Puerto de Essaouira. Foto Juan Coma
El ambiente cambia a lo largo del día. Por la mañana domina la actividad pesquera. Más tarde llegan los compradores, los curiosos, las gaviotas y los gatos, siempre atentos a cualquier descuido.

Pescadores llegando a puerto. Foto Juan Coma
Junto al puerto aparecen puestos donde se expone el pescado recién capturado. Sardinas, lenguados, doradas, calamares y marisco recuerdan que la cocina de Essaouira está profundamente ligada al Atlántico.

Pescadores descargando las capturas del día. Foto Juan Coma

Essaouira está llena de gatos y muchos de ellos pasean por el puerto en busca de un pescador despistado para robarle una sardina o una dorada. Foto Juan Coma
Conviene recorrer esta zona sin prisa y aceptando su carácter real. El puerto es ruidoso, húmedo y caótico. Precisamente por eso constituye uno de los escenarios con más personalidad de la ciudad.
La playa y el reino de los alisios
Al sur de la medina se extiende una playa larga y abierta. Es perfecta para pasear, sobre todo al amanecer o durante las últimas horas de la tarde. Desde la arena se observa la silueta de la ciudad histórica y la isla de Mogador.

La playa de Essaouira es perfecta para la práctica de deportes acuáticos de viento como el surf o el kitesurf, entre otros. Foto Juan Coma
El viento es uno de los grandes protagonistas. Los alisios soplan durante buena parte del año. A este persistente viento marino se lo conoce localmente como taros. Su presencia ha convertido Essaouira en un destino conocido entre los aficionados al surf, el windsurf y el kitesurf.
Ese viento también explica que las temperaturas resulten más suaves que en el interior de Marruecos. Durante el verano, cuando Marrakech alcanza valores muy elevados, Essaouira suele ofrecer un ambiente mucho más fresco. Las noches pueden ser incluso frías, por lo que conviene llevar alguna prenda de abrigo ligera porque no va a sobrar en la maleta.
Quads, caballos y aventuras junto al Atlántico
Además de recorrer la medina, Essaouira ofrece varias actividades al aire libre. Una de las más divertidas es realizar una ruta en quad por los alrededores de la ciudad. Los recorridos atraviesan pistas de arena, dunas, bosques de arganes y zonas próximas a la playa.

Foto familiar durante nuestra excusión en Quad por los alrededores de Essaouira.
Las excursiones parten habitualmente del área de Diabat, situada a pocos kilómetros de Essaouira. Antes de comenzar, los monitores explican el funcionamiento del vehículo y facilitan el casco y el equipamiento básico.

La excursion en quad recorre las dunas de la playa. Foto Juan Coma
Una ruta de una hora, en nuestra opinión, es más que suficiente para disfrutar de la actividad sin copar buena parte del día. También existen recorridos más largos para quienes quieran adentrarse en paisajes menos transitados.

Niño en un quad, niño feliz. Foto Juan Coma
La sensación de conducir junto al Atlántico, con el viento y la arena como compañeros de viaje, convierte esta experiencia en una de las propuestas más emocionantes de la estancia.

Durante la excursion atravesamos también un bosque de arganes. Foto Juan Coma
En la misma zona se pueden reservar paseos a caballo o en dromedario. Son alternativas más tranquilas para recorrer la playa y contemplar la puesta de sol. En todos los casos, conviene elegir empresas que trabajen con grupos reducidos, respeten el entorno y garanticen el bienestar de los animales.

Tambien se pueden hacer excursiones a caballo por la playa de Essaouira. Foto Juan Coma
Qué mejor manera de animaros a hacer la excursion que viendo este reel.
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El legado artístico y multicultural de Mogador
Essaouira fue conocida durante siglos como Mogador. Su historia estuvo marcada por el comercio entre África, Europa y el Mediterráneo. La ciudad albergó comunidades musulmanas, judías y cristianas. Esa mezcla dejó huellas en la arquitectura, las tradiciones y la identidad local.

El arte está muy presente en las calles de Essaouira. Foto Pixabay, autor Moiztigmi.
El antiguo barrio judío, conocido como Mellah, recuerda esa diversidad. Aunque algunas zonas presentan un estado más deteriorado, el barrio permite acercarse a una parte esencial de la historia de la ciudad.
Essaouira también mantiene una intensa relación con la música. La cultura gnaoua tiene aquí uno de sus principales referentes. Sus ritmos combinan percusión, cantos espirituales y el sonido grave del guembri, un instrumento tradicional de cuerda. Cada año, el Festival Gnaoua y Músicas del Mundo reúne a músicos y visitantes de diferentes países.
A esta tradición se suma una destacada escena artística. Galerías, estudios y talleres aparecen repartidos por la medina. Muchas obras se inspiran en el océano, los colores de la ciudad y la cultura popular marroquí.

Los mosaicos de Essaouira son maravillosos. Foto Pixabay
La vinculación de Essaouira con el mundo creativo se reforzó durante las décadas de 1960 y 1970. Artistas, músicos y viajeros encontraron en la ciudad un refugio alejado de los grandes circuitos turísticos. Ese espíritu bohemio todavía forma parte de su imagen.
Dónde comer en Essaouira
La gastronomía local combina los productos del Atlántico con los sabores tradicionales de Marruecos. El pescado y el marisco ocupan un lugar destacado. Se sirven a la parrilla, en tajines o acompañados de ensaladas marroquíes. Cerca del puerto también es posible escoger la pieza y probar una cocina sencilla, muy ligada a la captura del día.

¡Qué bueno está el calamar recién pescado! Foto Juan Coma
Entre los restaurantes que merece la pena tener en cuenta está Le Mogadorien. Su propuesta nos acercó a la cocina marroquí en un ambiente cuidado. Es una dirección apropiada para probar especialidades locales y hacer una pausa después de recorrer la medina.

Un cuscús en Essaouira sabe mucho mejor. Foto Juan Coma
También aparecen clásicos como el cuscús, la pastela, las brochetas y los tajines de carne o verduras. El aceite de argán, producido principalmente en esta región del país, se utiliza tanto en cocina como en cosmética. Mezclado con almendras y miel da lugar al amlou, una crema que suele acompañar panes y desayunos.

Elaboración artesanal del amlou, una pasta de almendras y miel que se unta en el pan y está riquísima. Foto Juan Coma
Para hacer una pausa, las cafeterías sirven té a la menta, café, zumos naturales, panes marroquíes y dulces con miel y frutos secos. Las terrazas de la medina permiten observar la vida de la ciudad mientras el viento atraviesa las calles.
Dónde alojarse: Riad Babette
Dormir dentro de la medina permite vivir Essaouira desde primera hora de la mañana y regresar caminando después de cenar. Nuestra elección fue Riad Babette, un alojamiento con el carácter íntimo y acogedor de las casas tradicionales marroquíes.

Decoración del Riad Babette. Foto Juan Coma
Más allá de sus habitaciones y espacios comunes, uno de los grandes valores del riad es la atención personal. La amabilidad de Sofía, Mohammed y Ahmed hizo que la estancia resultara especialmente cercana. Su disposición para ayudar, resolver dudas y compartir recomendaciones nos permitió sentirnos acompañados desde el momento de la llegada.

Mohammed, de Riad Babette, sirviéndonos un té con menta a nuestra llegada. Foto Juan Coma
Los desayunos en la terraza fueron memorables e inolvidables. Sofía preparaba al momento delicias como el msemen, una especie de crepe hojaldrada; el baghrir, conocido como el crepe de los mil agujeros; y el harcha, una tortita de sémola. Además nos deleitaba con huevos al gusto, fruta fresca, té verde a la menta, café o zumo de naranja recién exprimido.

Los desayunos en la terraza fueron memorables e inolvidable. Foto Juan Coma
Riad Babette se convirtió para nosotros en algo más que un lugar donde dormir. Es un refugio tranquilo al que regresar después de recorrer las murallas, el puerto o la playa.
Una ciudad para recorrer sin prisas
Essaouira puede conocerse en una escapada desde Marrakech o ser un viaje en sí mismo. Pasar varias noches permite descubrir su verdadera personalidad. La ciudad invita a levantarse temprano, caminar por el puerto, perderse por la medina y contemplar el atardecer desde las murallas. En este sentido, varias aerolíneas conectan España con Essaouira con un vuelo directo que dura, aproximadamente, dos horas y media. Este reel es un resumen de nuestro viaje a Essaouira:
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Essaouira no tiene el vértigo de Marrakech ni la monumentalidad de Fez. Tampoco la atmósfera cosmopolita de Casablanca. Su atractivo se encuentra en otro lugar.

Playa de Essaouira. Foto Juan Coma
Está en su relación con el océano, en la mezcla cultural, en ese viento que puede despeinarlo todo, y en esa sensación de calma que aparece nada más cruzar sus murallas.













