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Accediendo al Golfo de Adén, frente al llamado Cuerno de África, encontramos el Archipiélago de Socotra, un lugar irreal, único y misterioso que cuenta con todos los elementos para ser considerado de obligada peregrinación para los viajeros más curiosos.

Las primeras referencias escritas sobre este archipiélago datan del siglo I, con el nombre de Dioskouridou (en referencia al médico y botánico griego Dioscórides). El nombre de Socotra, según los estudiosos del tema, proviene del sánscrito dvipa sukhadhara (Isla de la Felicidad). Mitad historia mitad leyenda, se dice que Alejandro Magno decidió conquistar estas islas por la gran cantidad de aloes  que la poblaban, ya que serían de gran utilidad para curar las heridas de sus soldados durante las campañas bélicas. Otra posible leyenda asegura que el apóstol Tomás llegó a la isla en el año 52 d.c., convirtiendo al cristianismo a todos sus habitantes.

Archipiélago de Socotra, las Galápagos del Índico

Archipiélago de Socotra, las Galápagos del Índico

Esta leyenda fue en parte refrendada por el geógrafo árabe Abu Zaid Asan, que en el siglo X escribió que la mayoría de los habitantes de estas islas eran cristianos. Más allá de la ajetreada historia del archipiélago, lo que ha llegado hasta nuestros días se puede considerar un prodigio de la naturaleza, como surgido de un sueño, con una riqueza natural que fascina a zoólogos y botánicos. Su interesantísima flora endémica, muy vulnerable a los cambios, cuenta con unas 300 especies autóctonas, y se sitúa entre las 10 que más peligro de extinción corren en el mundo.

Entre sus especies más representativas encontramos el Dracaena Cinnabari (árbol sangre de dragón), un árbol con forma de paraguas que “sangra” savia de un color rojo intenso, y también una de las especies más bella de Baobab llamado “rosa del desierto”.

El archipiélago está formado por 4 islas, siendo la principal y mayor de todas la que da nombre al archipiélago. Sus 40.000 habitantes hablan árabe y un idioma propio ancestral que carece incluso de escritura. Curiosamente cuentan con un espíritu de concienciación medioambiental innato, que hace por ejemplo que la pesca con red esté prohibida en ciertas zonas o que la tala de árboles deba ser aprobada por los consejos de ancianos de las aldeas. Su buen estado de conservación también es debido en parte a su aislamiento geográfico y político, pero en estos días hay que hacer un esfuerzo extra para que no se vea afectado por el impacto del desarrollo  moderno.

Visitar el archipiélago de Socotra sigue siendo un desafío, pero también un reto cada vez más atractivo para viajeros comprometidos con el ecoturismo en lugares exóticos y remotos. Con un gran respeto por las ancestrales prácticas de gestión de sus habitantes, y protegiendo las tierras más vulnerables y de mayor biodiversidad, confiamos en que Socotra seguirá siendo única.

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