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La llaman la Perla del Danubio y el París del Este. Y…¿Saben qué? Todavía se han quedado cortos para definir en pocas palabras la belleza y la majestuosidad de esta ciudad. Budapest tiene magia y ha sabido aprovechar como la que más el impresionante río Danubio que la penetra y divide a la vez pero que le ha conferido su más íntima personalidad. Budapest es la unión de Buda y Pest, sin dejarnos la siempre olvidada Óbuda (Buda la Vieja). Buda, majestuoso y palaciego, mira a Pest desde las alturas orgulloso y altivo mientras que éste trabaja sin descansar ya que es el futuro de la ciudad, el eje comercial, el motor de Hungría. Pasado y presente se entrelazan en la capital magyar que es para muchos una de las ciudades más románticas del mundo.

Budapest está ubicada en un punto geográfico de gran estrategia del que ya se dieran cuenta sus primeros pobladores, las tribus eraviscas y posteriormente los romanos que se asentaron en Aquincium, donde se encuentra hoy día Óbuda (Buda la Vieja). El Danubio, a su paso por el monte Gellért (Gerardo), era un lugar muy adecuado para  establecer una colonia por sus condiciones defensivas. La República Magyar es conocida como Hungría para la mayoría de nosotros. Este nombre se lo debemos a los austriacos ya que, medio en broma medio en serio, bautizaron a los magiares como hunos porque decían que eran parientes de aquellas hordas bárbaras que comandadas por Atila azotaron Europa allá por el siglo V.

La orilla del Danubio, Patrimonio de la Humanidad

La orilla del Danubio, a su paso por Budapest, es sin duda uno de los lugares más bellos del mundo para dar un paseo, ya sea al anochecer cuando se encienden las luces del Puente de las Cadenas y del palacio Real o bien de madrugada, contemplando los primeros rayos del sol que iluminan la Ciudadela. Se puede decir que, quien visita Budapest y no se deja seducir por la orilla del Danubio, realmente no ha estado en la capital húngara.

Vista del Danubio desde la Ciudadela, en la cima del monte Géllert

Vista del Danubio desde la Ciudadela, en la cima del monte Géllert

Paseando por el Danubio se pueden descubrir, desde otra perspectiva, algunos de los monumentos más significativos de Budapest como las iglesias de Santa Ana y Matías, el Palacio Real y al fondo la imponente Ciudadela, en la cima del monte Géllert. Al atardecer, el Danubio se tiñe de tonos dorados y por la  noche las siluetas de estos edificios se desdibujan poco a poco y los monumentos y los puentes van adquiriendo un aspecto mágico y casi irreal que nos trasladan a la época de máximo esplendor de la ciudad, cuando era el centro del Imperio Austro- Húngaro.

Vista nocturna del puente de las Cadenas y, al fondo, el Palacio Real

Vista nocturna del puente de las Cadenas y, al fondo, el Palacio Real

No hay que perderse un anochecer sentado en las muchas terrazas y cafés ubicados a la orilla del Danubio, disfrutando de un concierto improvisado de música zíngara, o en los numerosos barcos flotantes desde los cuales podrán gozar de unas vistas inolvidables de la ciudad. Todos estos atractivos no sólo culturales y arquitectónicos sino también sensoriales hicieron que en el año 2002 la UNESCO declarara patrimonio Universal de la Humanidad la orilla del Danubio y el Barrio del Palacio Real (también la avenida Andrássy y sus alrededores).

“Los zapatos en el Paseo del Danubio”, creados por Gyula Pauer y Can Togay, homenajean a las victimas de la Segunda Guerra Mundial que eran asesinadas y lanzadas al Danubio.

“Los zapatos en el Paseo del Danubio”, creados por Gyula Pauer y Can Togay, homenajean a las victimas de la Segunda Guerra Mundial que eran asesinadas y lanzadas al Danubio

El río Danubio es la columna vertebral de la ciudad. Nueve son los puentes que separan Buda de Pest (dos destinados exclusivamente para el paso del ferrocarril), aunque los más conocidos son el puente de las Cadenas, el puente Elisabeth y el puente Libertad. En el río se encuentran tres islas: la isla de Óbuda, la isla Margarita y la isla de Csepel.

Barrio del Castillo, corazón de Buda

Un recorrido por la parte de Buda nos hará entender en pocas horas la historia de esta maravillosa ciudad. Cruzaremos el Puente de las Cadenas desde el barrio de Pest hasta llegar a la Plaza de Adam Clark, ingeniero que en el año 1849 diseñó este puente que fue el primero que unió Buda y Pest. Dicen que Clark se suicidó al darse cuenta que se había olvidado de la lengua de los leones que guardan la entrada del puente por el lado de Buda. Desde la Plaza Adam Clark, donde se encuentra el Kilómetro Cero de Hungría, tomaremos el curioso funicular que sube a la colina de Buda y que nos dejará en una explanada desde donde nos dirigiremos hacia el Palacio Real, sede hoy de numerosos museos entre los que destaca, el Museo histórico de Budapest, la Galería Nacional Húngara y la Biblioteca Nacional que lleva el nombre de su fundador Ferenc Széchényi. Durante la Segunda Guerra Mundial el Palacio real fue bombardeado y destruido. La fachada actual es una reconstrucción de la existente en la época de la emperatriz María Teresa, de principios del siglo XVIII. La cúpula fue diseñada durante la segunda mitad de los años 50.

Izquierda, vista de la cúpula del Parlamento Húngaro. Derecha, Puente de las Cadenas.

Izquierda, vista de la cúpula del Parlamento Húngaro. Derecha, Puente de las Cadenas

Dar un paseo por el Barrio del Castillo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es sin duda indispensable para respirar la esencia de la capital húngara y comprender la majestuosidad que tuviera antaño la bien llamada París del Este. El también conocido como Barrio de los Comerciantes es un lugar romántico y hermoso en el que se conjugan un gran número de estilos arquitectónicos. Como curiosidad, debajo de este barrio se oculta un inmenso laberinto de grutas, que durante la Segunda Guerra Mundial sirvieron de escondite para unos 20.000 soldados

Las callejuelas que forman el Barrio del Castillo están edificadas con cimientos medievales y están acertadamente semicerradas al tráfico. Es un sitio perfecto para hacer un alto en sus excelentes restaurantes y agradables terrazas o bien darse un capricho dulce en algunas de sus pastelerías como la conocida Ruszwurm, que data del año 1827. No nos hemos de olvidar que Budapest es una ciudad de gran tradición pastelera y todo goloso/a que se precie no se puede marchar sin haber probado algunos de sus dulces. Uno de los lugares más bellos de Buda es la plaza de Szentháromság donde se encuentran varios monumentos como la iglesia de Matías, el antiguo ayuntamiento de Buda de estilo barroco (hoy Collegium Budapest) y el antiguo Ministerio de Finanzas de estilo neogótico.

La Plaza de la puerta de Bécs es la puerta norte del barrio del Palacio Real que durante la Edad Media aún se llamaba el Mercado de los Sábados. Según un proverbio húngaro se dice de los hombres vanidosos que son muy fanfarrones al hablar tienen “la boca como la puerta de Bécs”. También destaca la estatua de András Hadik (en la esquina de la calle Úri y la calle Szentháromság del distrito I.), llamado el úsar de los úsares comandante del Palacio de Buda y hombre preferido por la emperatriz María Teresa.

Izquierda, lateral de la iglesia de Matías. Derecha, detalle de la columna de la Plaza de los Héroes.

Izquierda, lateral de la iglesia de Matías. Derecha, detalle de la columna de la Plaza de los Héroes

El Barrio del castillo es un lugar ideal para hacer una visita a la Casa de los Vinos Húngaros o Magyar Borok Háza. Un lugar típico para degustar hasta 70 deliciosos vinos del país. En Hungría hay hasta 22 regiones vinícolas, pero es en la parte septentrional donde se producen los mejores y más famosos caldos del país gracias en parte a los suelos volcánicos. Uno de los vinos de más renombre es el Tokaj, que procede de una uva tardía (se recoge en el mes de noviembre) y cuya calidad le ha merecido el honor de figurar en la letra del himno nacional del país. Para que se hagan una idea de la calidad del Tokaj, las bodegas vallisoletanas Vega Sicilia fundaron en el año 1993 Tokaj Oremus con la intención de devolver la grandeza a este sin igual vino húngaro.

Uno de los monumentos más representativos del Barrio del Castillo de Pest es la iglesia de Matías, en la plaza Szentháromság (en español de la Santísima Trinidad), llamada así en honor del rey Matías Corvino, el Justo, que celebró en ella sus dos bodas. Es muy curioso el hecho de que ésta es una iglesia que lleva el nombre de un monarca y no de un santo. Matías fue un rey húngaro que vivió durante el siglo XV y que ha pasado a la historia por poseer el don de la ecuanimidad. Muchas leyendas giran entorno a la figura del rey Matías Corvino. Cuenta la sabiduría popular que el monarca quería saber cómo vivía su pueblo y, para tener constancia de ello, se disfrazaba y así podía pasar desapercibido entre la gente. Aunque más inverosímil es la leyenda que envuelve a la bella fuente de Matías, ubicada en uno de los patios del Castillo y que representa una alegoría de caza y el enamoramiento del rey Matías con una bella mujer del pueblo. Dicen que quien tira una moneda en el agua, cual Fontana di Trevi se tratara, volverá a Budapest en un futuro. Si lo quieren probar háganlo, pero nadie les asegura el regreso. Pero por si acaso…

Iglesia de Matías, en el corazón de Pest

La iglesia de Matías, erigida hace más de 700 años, ha sido escenario de algunos de los episodios históricos más importantes de la historia de Budapest como la excomunión del Papa Inocencio VIII, en el año 1302, o la coronación de los emperadores Francisco José y Sisí, ésta última muy querida por todos los húngaros. ¿Sabían que Sisí fue la única emperatriz austrohúngara que aprendió el idioma magyar? De hecho, una de sus damas de compañía fue la noble húngara Ida Ferenczy que fue una de sus más íntimas confidentes. Eso sí, dicen las malas lenguas, que el motivo de aprender húngaro fue la relación extramatrimonial que mantenía con el líder húngaro Andrássy. Durante la coronación de los emperadores Francisco Jose y Elisabeth tuvo lugar el estreno de la Misa de Coronación del gran compositor húngaro Frank Lizst. Una curiosidad de este evento fue que Frank List llegó sin invitación y no pudo entrar a dirigirla.

Izquierda, funicular que sube a la colina de Buda. Centro, iglesia de Matías. Derecha, artesanía popular húngara

Izquierda, funicular que sube a la colina de Buda. Centro, iglesia de Matías. Derecha, artesanía popular húngara

La iglesia de Matías se empezó a construir en el siglo XIII. De esta época son la puerta orientada al sur y el santuario. Durante la dominación otomana se retiraron los muebles y se pintó su ornamentación. Posteriormente se convirtió en una iglesia barroca, elevando un muro en lugar de sus ventanas góticas de color rosa. En el siglo XIX fue restaurada (más bien reconstruida) por el arquitecto Frigyes Schulek que buscó los elementos originales y dio como resultado este espléndido edificio. Justo detrás de la iglesia de Matías está el bastión de los Pescadores, que resalta por su color blanco y la estatua ecuestre del rey Esteban, el primer rey magyar. Estos dos monumentos constituyen una de las imágenes más características de Budapest, que se han inmortalizado en numerosos cuadros y postales.

Desde el Bastión de los Pescadores tenemos, sin duda, las más bellas vistas de la ciudad de Pest. El Bastión fue construido en 1905 sobre la antigua muralla y es de estilo neorrománico. Fue bautizado con este nombre por ser la parte de muralla que defendían los pescadores en la Edad Media, aunque la función de la construcción actual nunca fue defensiva, sino ornamental. Las vistas sobre la ciudad son espectaculares: al frente, el imponente Puente de las Cadenas (puente Szécsenyi); detrás de la basílica de San Esteban. A la izquierda vemos el impresionante parlamento neogótico y, al fondo, precedida del puente del mismo nombre, se encuentra la Isla Margarita que, con una longitud de tres kilómetros, alberga una de las zonas naturales más hermosas de la capital húngara.

Vista del Parlamento neogótico desde el Bastión de los Pescadores

Vista del Parlamento neogótico desde el Bastión de los Pescadores

En el barrio del castillo hay un gran número de edificios de diversos estilos artísticos. Destacan sin duda los elegantes palacios barrocos y rococós que proceden de la época posterior a la denominación otomana. Entre ellos, sobresale el edificio que alberga el internacional y lujoso Hotel Hilton. En uno de los patios de este hotel se puede ver el claustro de un convento medieval, así como las ruinas de una iglesia. Abandonemos pues el barrio del Castillo y vamos a conocer otro de los encantos que posee Budapest y que seguro que están ansiosos de visitar: sus balnearios.

Budapest, ciudad balneario

Budapest es la única ciudad del mundo con más de 130 manantiales de agua minero-medicinales con efectos curativos. De hecho, muchos médicos pertenecientes a la seguridad social húngara prescriben los baños como terapia a sus pacientes, que acuden a los baños públicos para aliviar sus dolores. Estos manantiales de aguas termales calientes son uno de los atractivos turísticos de la capital húngara, destacando su arquitectura termal influencia de la cultura romana y del más puro estilo otomano, con cúpulas de cobre, bellos mosaicos y el característico remate de media luna en lo alto. Después de un agitado día de visitas a monumentos, museos y palacios es muy recomendable darse un baño relajante en alguno de los balnearios más conocidos de la ciudad a la vez que disfrutaremos de bellos edificios. Claro ejemplo es el balneario Széchenyi, ubicado en el Parque Municipal (Városliget) detrás de la plaza de los Héroes. En sus proximidades se encuentran varias instituciones culturales y de ocio muy populares, como el Parque Zoológico, el Parque de Atracciones, el Gran Circo de la Ciudad y una réplica del Castillo de Vajdahunyad (el castillo original se encuentra en Transilvania).

Izquierda, baños Széchenyi. Derecha, detalle del Bastión de los Pescadores

Izquierda, baños Széchenyi. Derecha, detalle del Bastión de los Pescadores

Los baños Széchenyi son los únicos balnearios termales situado en la parte de Pest y se consideran los más antiguos de Europa. Se encuentran en un edificio noble de gran monumentalidad que data del año 1927 y donde se ha prestado una especial atención a las estatuas y vitrales que decoran las paredes, obras realizadas por relevantes artistas de Hungría. Por su parte el balneario terapéutico y piscina Rudas es un claro exponente de la arquitectura otomana, ya que tuvo su origen durante la dominación turca. Otros balnearios de gran enombre son el Király, el Lukács y el Géllert, ubicado a los pies de la colina del mismo nombre.

Y qué mejor colofón para un día de visitas que rematarlo con una cena deliciosa. La gastronomía húngara es realmente excelente. Si quieren disfrutar de un exquisito foie, ya sea para untar o bien cocinado, ha encontrado en Budapest una de las mejores ciudades del mundo para degustarlo. También son muy tradicionales los platos como el estofado o goulash húngaro y aderezos como la cebolla y páprika (pimentón dulce). Cuenta la leyenda que esta especia ayudaba a infundir valor a los temibles guerreros húngaros de la baja Edad Media que conquistaron Europa Central a lomos de sus caballos. Una recomendación es que reserve mesa en el moderno Képíro donde podrá saborear uno de los mejores foie de la ciudad a un precio moderado o bien en el tradicional y lujoso Gundel, donde podrá saborear un menú exquisito de cinco platos por un precio medio-alto para nuestros bolsillos.

Más información en www.hungriaturismo.com y en www.budapestinfo.hu/es

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