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Las Navidades llaman a la puerta una vez más. Es el momento de revivir las costumbres. Todos los años durante estas fechas muchos cristianos se empapan de tradición y se preparan para disfrutar de las fiestas. Algunos hasta se embarcan en un viaje que les traslada a un pasado muy lejano. Un viaje, que les lleva a Belén, la cuna histórica del cristianismo y de cientos de nuestros rituales que todavía, hoy en día, seguimos al pie de la letra.

Belén es una ciudad situada en Palestina, en Cisjordania, a tan sólo diez kilómetros de Jerusalén. Un enclave milenario que alberga a una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo. Todos los años al llegar estas fechas millones de personas celebran el nacimiento de Jesús de Nazaret. Un evento que tuvo lugar hace más de dos mil años en Belén. Hasta esa ciudad se desplazan en éste mes de diciembre miles de cristianos para revivir y conmemorar el momento más trascendental de su religión.

La historia de Belén también fue protagonista  del nacimiento de David  y de su coronación como rey de Israel. Esta ciudad fue saqueada por los samaritanos, reconstruida por los bizantinos, conquistada por los califatos árabes, reconquistada por los cruzados, asediada por los mamelucos y tomada por el imperio Otomano hasta la I Guerra Mundial cuando pasó a formar parte de un protectorado británico. A pesar de tanto ajetreo, su azarosa historia no acabó ahí. Luego fue parte de las disputas territoriales entre árabes e israelíes hasta que en 1995 pasó a formar parte del territorio de Palestina.

En esa ciudad de Cisjordania donde viven más de 40.000 personas se vive con mucha intensidad la Navidad. Una celebración a la que se unen por igual palestinos cristianos y musulmanes. En ese crisol de culturas se puede apreciar auténticas joyas históricas para las tres religiones monoteístas más relevantes del mundo. Prueba de ello son la tumba de Raquel, la mezquita de Omar y la basílica de la Natividad. Dónde se ubica el nacimiento de Cristo.

Jesús de Nazaret nació en un pesebre y sobre éste se alzaron dos iglesias: la de Santa Catalina, católica y custodiada por los franciscanos desde el siglo XIV, y la de la Natividad, en manos de cristianos ortodoxos. El colorido que ofrece la ciudad durante estas fechas se debe a la mezcla de cultura y tradiciones que ha ido acumulando durante cientos de años. Es el momento de ver y recrearse en procesiones que recorren los vestigios históricos de Belén como el monasterio de Mar Elías, donde descansó el profeta, o la gruta de la Leche, donde se dice que una gota de leche de la Virgen María cayó al suelo mientras amamantaba a su hijo.

También, durante la Navidad, se puede observar la diversidad cristiana en la ciudad. Momento en donde se dan cita cristianos católicos, ortodoxos, coptos y armenios. Todos ellos disfrutando de las luces que decoran las calles, los árboles de Navidad, los villancicos, de los dulces típicos de la tierra y, como colofón, de la tradicional Misa del Gallo.

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