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Las líneas de Nasca, en Perú, entre el misterio y el espectáculo arqueológicoMuchas son las culturas que han marcado el carácter peruano, y muchos los vestigios que todavía hoy podemos admirar. Las impresionantes Líneas de Nasca, monumentales grafismos trazados sobre la arena del desierto de Ica, al sur del país, son uno de los más importantes legados de las antiguas culturas pre-incas peruanas. Y todavía hoy siguen siendo un misterio.

Se trata de geoglifos y trazos rectilíneos dibujados a base de surcos de 20 centímetros de profundidad que forman imágenes zoomorfas y fitomorfas de casi 500 metros de longitud. Representan aves de hasta 275 metros de largo, colibríes gigantes, cóndores, la garza, la grulla, el pelícano, la gaviota, el loro, un mono, una araña, un caracol, una lagartija, una ballena de 27 metros, un perro con patas y cola largas, dos llamas…Casi todos los dibujos fueron hechos en superficie llana, sólo hay unos pocos en las laderas de las colinas y en su mayoría representan hombres, algunos de ellos coronados por tres o cuatro líneas verticales que podrían representar las plumas de un tocado ceremonial.

Los geoglifos, que cubren unos 450 kilómetros cuadrados, fueron realizados por la cultura Nasca (siglos 200 a.C al 700 d.C) y declarados Patrimonio Cultural de la Humanidad en 1994. Sólo pueden ser observadas en su totalidad desde el aire, de ahí que las imponentes y enigmáticas Líneas de Nasca hayan dado lugar a múltiples teorías sobre su origen, sus usos y las habilidades de los que las crearon.  

Ritos pre-incas que siguen siendo un enigma

Las explicaciones al respecto son variadas: desde que las líneas tuvieron una función ritual vinculada a la astronomía hasta que fueron un culto a la fertilidad. Otras excavaciones descubrieron en pequeñas cavidades en los geoglifos ofertas religiosas de productos agrícolas y animales, sobre todo marinos, lo que podría significar que los dibujos formaban un paisaje ritual cuyo fin debió ser propiciar la invocación del agua.

En la misma región se encuentra la Reserva Nacional de Paracas, un rico ecosistema que abarca 335.000 hectáreas de extensión. Situado en la costa, describe una diversidad de paisajes: desiertos, acantilados, playas, islas… En su conjunto sirve de hábitat natural y refugio para pelícanos, pingüinos, delfines, lobos marinos, infinidad de peces y crustáceos, así como para especies endémicas como el gato marino o el pingüino de Humboldt. A una hora de navegación se encuentran las Islas Ballestas, un paraíso para gran cantidad de aves migratorias y lobos marinos.

Creada en 1975, la Reserva Natural de Paracas acoge impresionantes playas, monumentos naturales esculpidos en la roca y uno de los mares más ricos del mundo, gracias a los afloramientos marinos que elevan hacia la superficie grandes masas de plancton, alimento vital de innumerables especies de peces. Además, esta zona fue declarada como Sitio Ramsar por la Convención de Humedales de Importancia Internacional en 1991.

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