Tumbet, frit y trampó: los platos tradicionales que hay que probar en Palma
Palma también se descubre a través de sus mercados, hornos y cellers. Más allá de la ensaimada y la sobrasada, la capital mallorquina conserva un recetario ligado a la huerta, al mar y a las celebraciones familiares. Conocer nombres como tumbet, frit o trampó ayuda a elegir qué pedir y a entender mejor la cocina de la isla.
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Tumbet: verduras de verano en una cazuela
El tumbet reúne patata, berenjena y pimiento, aunque algunas recetas añaden calabacín. Las verduras se fríen por separado. Después, se colocan en capas, se cubren con salsa de tomate y se terminan en el horno.

Tumbet mallorquín
Se puede comer caliente o frío, como plato principal o como guarnición de carne y pescado. Es una de las formas más sabrosas de disfrutar de los productos de la huerta mallorquina.
Frit mallorquí: una receta con muchas versiones
El frit mallorquí combina carne y asadura de cerdo o cordero con patatas, pimiento, cebolleta e hinojo. El ajo y las especias completan un plato de sabor intenso, muy presente en la cocina tradicional.
Además, la receta cambia según la ocasión. El frit de matanzas se prepara con cerdo, mientras que el de Pascua lleva cordero. También existe una versión marinera, elaborada con productos como sepia, gambas, mejillones o rape. Los cellers, antiguas bodegas convertidas en restaurantes, son una buena opción para probarlo.
Trampó: tres ingredientes y un buen aceite
Tomate, pimiento blanco mallorquín y cebolla. El trampó no necesita más ingredientes que estos, aceite de oliva virgen extra y sal. Esta ensalada fresca suele servirse como acompañamiento, especialmente en los meses cálidos.

Trampó
La misma mezcla de verduras protagoniza la coca de trampó. Se coloca sobre una masa fina y crujiente que se encuentra en muchos hornos de Mallorca. Es una de las meriendas saladas más populares de la isla.
De las panades al gató de almendra
El recetario de Palma ofrece mucho más. Las sopas mallorquinas se preparan con pan moreno y verduras de temporada. El arròs brut mezcla arroz, carne y verduras, mientras que la porcella al horno ocupa un lugar destacado en las celebraciones. En Semana Santa llegan las panades y los cocarrois, empanadas con distintos rellenos.

Coca de trempó
Para una comida sencilla, siempre queda el pa amb oli: pan moreno con tomate y aceite, que puede acompañarse de queso, embutido o aceitunas. Y, a la hora del postre, el gató de almendra, los crespells, los robiols y la coca de patata demuestran que la repostería mallorquina va mucho más allá de la ensaimada.
Los mercados de Palma son un buen punto de partida para explorar estos sabores. El Mercat de l’Olivar combina puestos de producto fresco con barras y restaurantes. El de Santa Catalina suma una amplia oferta gastronómica en uno de los barrios más animados de Palma. Por su parte, la Plaça dels Patins acoge los martes y sábados un mercado ecológico de productores locales.

Ensaimada de Mallorca
Otra posibilidad es acercarse a Génova. Este barrio conserva restaurantes de cocina tradicional donde todavía se sirven recetas de siempre, a menudo en cazuelas de barro. Una última lección gastronómica que conviene aprender sentado a la mesa.
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