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Viena, Austria acogió, a principios del siglo XX, un brillante período histórico colmado de contrastes en el que surgieron destacados personajes que tuvieron enorme influencia en el devenir de la cultura. Alrededor del año 1900, en esta ciudad se dio una concentración incomparable de creatividad en el campo de la literatura, la pintura, la arquitectura y la música.

Texto: Christa Veigl, periodista

El hecho de que Viena alrededor de 1900 se convirtiera en la capital cultural de Europa Central estaba relacionado con el rápido crecimiento de la ciudad, que competía con otras metrópolis europeas como Londres, París y Berlín. En el siglo XIX, la inmigración y las dos fases de su ampliación urbana contribuyeron a un notable crecimiento de la ciudad. Entre los años 1870 y 1910 se duplicó la población vienesa, pasando de 840.000 habitantes a unos 2 millones. La primera fase de ampliación urbana se basó en la construcción de la elegante avenida del Ring y de los monumentales edificios que la flanquean.

©WienTourismus / Popp & Hackner

©WienTourismus / Popp & Hackner

Entre 1860 y 1890 se edificaron construcciones emblemáticas como la ópera del estado, la Staatsoper, el teatro Burgtheater y varios museos, así como edificios de viviendas de alquiler y palacios monumentales para la política, el comercio y la educación como el Ayuntamiento, el Parlamento, la Bolsa, la Universidad y la escuela de oficios artesanos. Al mismo tiempo, hubo antiguos edificios que fueron reformados o completamente sustituidos por nuevas construcciones. De esta forma la arquitectura vienesa adquirió renombre internacional y el sector de la construcción experimentó tal prosperidad que apenas sufrió una parálisis pasajera cuando ocurrió la crisis bursátil de 1873. Los arquitectos que contribuyeron a las construcciones de la Avenida del Ring habían llevado a cabo grandes obras para el uso público, de forma que las generaciones siguientes iban a ocuparse, ante todo, de proyectos privados. Pero se había postergado un proyecto de infraestructura pública tan importante como la construcción de un tren metropolitano y fue el arquitecto Otto Wagner quien recibió el encargo para construir, a partir de 1894, una línea ferroviaria de 45 kilómetros de largo con más de 30 estaciones.

Convivencia conflictiva

Viena era la capital del Imperio Austrohúngaro, en el que convivían  51 millones de habitantes de 15 naciones. El garante de la unidad de esta monarquía era, sobre todo, el Emperador Francisco José I pero también el enorme y eficiente aparato administrativo del Imperio era de importancia esencial para mantener su unidad.

La capital recibía oleadas de inmigrantes de diferentes grupos étnicos y religiosos, que venían de todos los confines de este Estado multinacional. También confluían estratos sociales diversos, aumentando el potencial conflictivo, dado que los inmigrantes solían padecer la explotación laboral que se daba en esta fase del liberalismo. La problemática resultante del conflicto entre las diversas naciones se resume en el apodo que los habitantes eslavos le dieron al Imperio, llamándolo “calabozo de los pueblos”. En esta época llena de tensiones, el contacto entre las diversas naciones resultaba también muy fértil, dando frutos que iban más allá de una cocina vienesa de consistencia bohemia y de sabor húngaro.

El arte de la construcción: Otto Wagner, Josef Hoffmann, Adolf Loos

Otto Wagner era vienés pero casi la mitad de los miembros de su escuela especial de arquitectura (la llamada “Escuela de Wagner” en la Academia de Bellas Artes) eran oriundos de las provincias del sur y del este del Imperio. Por ejemplo, Josef Hoffmann era de Moravia, mientras que Josef Plečnik y Max Fabiani eran de Eslovenia. De la región de Moravia, que hoy es parte de la República Checa, provenía también Adolf Loos.

Majolica House y Casa de Art Noveau

©WienTourismus / Willfried Gredler-Oxenbauer /©WienTourismus / Hertha Hurnaus: Casa Majolica y Casa Art Noveau

Otto Wagner diseñó, entre 1894 y 1910, las estaciones, los diques y los puentes del tren metropolitano de Viena. También son obra de Wagner los edificios de viviendas “Majolikahaus” (Casa de Majólica) y “Musenhaus” (Casa de las Musas), situados en la avenida Wienzeile, el edificio de Correos, y la “primera iglesia moderna de Europa”, la Iglesia de San Leopoldo, erigida en el terreno de Steinhof. Otros ejemplos son las mansiones de Josef Hoffmann, quien fundó en 1903 los “Talleres Vieneses” (Wiener Werkstätte) en colaboración con Kolo Moser. Una de las mansiones de Hoffmann, ubicada en Hohe Warte, es la que hizo para sus amigos artistas Kolo Moser y Carl Moll. Dos casas más allá, en la “Villa Ast” se encontraba el salón de artistas e intelectuales regenteado por la famosa femme fatale del siglo XX, Alma Mahler, personaje que ha sido eternizado en la obra de teatro de Paulus Manker titulada Alma. La sala de exposiciones de la generación de artistas rebeldes, la “Secession” es obra de Olbrich, colaborador de Wagner. Y los discípulos de Wagner, Plečnik y Fabiani, fueron los creadores del edificio  “Zacherl-Haus” y de la Iglesia del Espíritu Santo, “Heilig-Geist-Kirche”, así como de los edificios “Artaria-Haus” y Urania.

Adolf Loos, arquitecto que provocaba continuas polémicas, cuestionó el uso de ornamentos en la arquitectura. Llegaba a aceptar una decoración clásica, pero estaba convencido de que inventar nuevos ornamentos era una pérdida de tiempo y testimonio de la decadencia. Esta era su visión de los nuevos adornos creados por el movimiento modernista austriaco, el “Jugendstil”  de los discípulos y colaboradores de Otto Wagner y de los Talleres Vieneses.

El edificio de la empresa de modistas Goldman & Salatsch, en la Plaza San Miguel (Michaelerplatz), apenas presenta una espartana ornamentación clásica. Para sus contemporáneos, acostumbrados al neobarroco recargado, el estilo de Loos era aún menos comprensible que los “nuevos decorados” del “art decó” característico de los modernistas.

Literatura & cafés

“Adolf Loos y yo, él en el sentido de las palabras, y yo en sentido figurado, no hemos hecho más que demostrar que existe una diferencia entre una urna y un orinal”, así describió Karl Kraus su afinidad intelectual con su amigo Loos. El resultado de las opiniones de Kraus y Loos sobre la forma que debiera tener una silla en un café se puede apreciar en el mobiliario del Café Museum. Adolf Loos lo diseñó alrededor de 1899, pero ya en los años 30 del siglo XX fue renovado el interior. En el 2003, el café fue reformado basándose en los antiguos planos y fotos. Ahora como antes, uno aquí toma asiento sobre sillas de madera curvada, barnizadas de rojo. El arte de doblar madera fue inventado alrededor del año 1830 por Michael Thonet. La silla nº 14 de Thonet se hizo mundialmente famosa como la típica “silla de café vienés”.

Café Museum (Viena)

©WienTourismus / Popp & Hackner: Café Central

Pero antes de empezar a frecuentar el Café Museum, los pintores, músicos, arquitectos, poetas, periodistas y otros intelectuales se daban cita en el Café Griensteidl o en el Café Central. El Griensteidl se encontraba en el edificio antecesor del Palacio Herberstein que se construyó en 1899 en la Plaza de San Miguel.  El “Herberstein-Palais” resulta ostentoso en sus ornamentos, contrastando con el edificio contruido enfrente en la misma plaza por Adolf Loos, el “Goldman & Salatsch”. Alrededor de 1890, el Café Griensteidl era el lugar de tertulias del círculo literario “Viena joven” que se aglutinaba alrededor de Hermann Bahr. También era asiduo al Grienstadl el mordaz Karl Kraus, quien solía criticar la glorificación de la decadencia que profesaban los escritores de las corrientes modernas, en especial Hermann Bahr. En la revista  “Fackel”, editada y redactada prácticamente en solitario por Karl Kraus entre 1899 y 1936, el autor convertía en sátira todo lo que le disgustaba. Precisamente por causa de estas críticas, el nombre de Hermann Bahr estuvo omnipresente durante décadas en la revista “Fackel”.

Después de cambiar de café para empezar a frecuentar el Café Central, Kraus escribió una sátira titulada “La literatura demolida” en la que criticaba la así llamada “Galería de los Poetas Jóvenes Vieneses” que se encontraba en el café de literatos Grienstadl, el cual se había cerrado en 1897 y había desaparecido con la demolición del edificio. (En la década de 1980 se volvió a abrir un café con el nombre “Griensteidl” en el Palais Herbertstein). No es de extrañar que Karl Kraus fuera amigo y mentor de Peter Altenberg, el más característico literato de café, conocido también como un hombre de saber vivir.

También pertenecía a su círculo de amistades el compositor Alban Berg. Este gran representante de la innovadora corriente de música contemporánea compuso canciones para orquesta basándose en textos de Altenberg.

Música contemporánea: atonalidad y antisemitismo

El concepto de “atonalidad” describe las impresión que causaban los conciertos de Schönberg y de su círculo de discípulos (Berg, Webern, Wellesz, entre otros) de la llamada “Segunda Escuela Vienesa”, al ser escuchados por oídos acostumbrados a la música del Romanticismo tardío. Schönberg, quien más tarde desarrollaría un método de “composición con doce tonos”, dirigió en 1913 un programa en la Sala Dorada de Musikverein, que pasaría a la historia como el “Concierto de bofetadas”.

©WienTourismus / Popp & Hackner/©WienTourismus / MAXUM: KunstHaus de Viena y relieve con la figura de Mahler

©WienTourismus / Popp & Hackner/©WienTourismus / MAXUM: KunstHaus de Viena y relieve con la figura de Mahler

Gustav Mahler  fue director de la Ópera de Viena de 1897 a 1907. A raíz de los conflictos suscitados por el antisemitismo y por las frecuentes actuaciones del director de orquesta en otras ciudades, Mahler dimitió del prestigioso cargo de director de la Ópera de la Corte. La esposa de Mahler, Alma, es conocida por su disipada vida amorosa y matrimonial. Gustav y Alma se habían conocido en casa de Bertha Zuckerkandl, anfitriona de uno de los famosos salones donde se reunía la alta burguesía vienesa. Probablemente la difícil relación con Alma fue el motivo que condujo a Mahler a asistir a la consulta del doctor Sigmund Freud. Pero no le fue posible obtener ninguna cita hasta un año antes de su muerte. En 1910 ambos se encontraron durante un viaje en Leiden (Holanda), y Freud tuvo la oportunidad de analizar la relación de Mahler con las mujeres.

Sexualidad, moral y sociedad: Freud y Schnitzler

Las sesiones de psicoanálisis se realizaban sobre el famoso diván de Freud en su consulta en Viena en la calle Berggasse. La familia de Freud vivía desde 1860 en la capital austríaca. Freud, que había nacido en 1858 en Moravia, vivió en Viena como en su segunda patria, y fue aquí donde estudió medicina. El término “psicoanálisis”  es empleado por Freud por primera vez en 1896 y en 1899 publica “La interpretación de los sueños”. Un aspecto de las teorías de Freud que causaba irritación en mucha gente era su visión de la sexualidad como origen de muchos actos y deseos. Esta teoría molestaba especialmente a sus contemporáneos, dado que alrededor del año 1900 imperaba la doble moral en las relaciones matrimoniales y todo lo referente al sexo era un tabú que provocaba curiosidad, pero a la vez miedo.

Museo Sigmund Freud

©WienTourismus / Willfried Gredler-Oxenbauer/©WienTourismus / János Kalmár: Museo Sigmund Freud

Al igual que sucedió con Mahler, Freud y Arthur Schnitzler se conocieron muy tarde, aunque vivían en la misma ciudad y frecuentaban círculos. Fue en 1922 cuando tuvo lugar el encuentro entre ambos, y en una carta a Schnitzler, Freud afirmó que había evitado el contacto con el escritor ya que era como acercarse a su propio doble, dado que en los escritos de Schnitzler percibía los “mismos intereses, condiciones y resultados“  que los suyos.

Los antepasados de Schnitzler eran de Hungría. Él se ocupó del estudio de la histeria y la hipnosis. Como escritor, abordó los temas de la sexualidad, la seducción, la infidelidad matrimonial y la doble moral. También escribió sobre el creciente antisemitismo que se percibía en la sociedad vienesa. Muchas de sus novelas y de sus piezas teatrales, como “Lugarteniente Gustl”, “Profesor Bernhardi“, o “La ronda“, se convirtieron en clásicos de la literatura en lengua alemana. La “Novela de sueño”  inspiró la última película de Stanley Kubrick, “Eyes Wide Shut” (1999).

Edipo, conflictos generacionales y arraigo en la tradición

En aquel final de siglo el fenómeno de Edipo se dio de forma más contundente que en otras épocas anteriores. Quizás porque a finales del “histórico” siglo XIX quedaba más claro que no sólo existía el estilo de los ancestros. Cabe recordar que se habían analizado y catalogado una gran cantidad de estilos del pasado. Los jóvenes, en gesto de rebeldía, comenzaron a dar la espalda a reconocidas instituciones de sus padres, como el Künstlerhaus (Casa de los Artistas) de la cual en 1897 se alejó la “Asociación de Artistas plásticos de Austria”. Así surgió el famoso movimiento de la Secession, del que eran miembros activos artistas de gran peso como Gustav Klimt, Kolo Moser, Josef Hoffmann o Joseph Maria Olbrich.

Edificio Secession y detalle de la puerta del mismo

©WienTourismus / Claudio Alessandri /©WienTourismus / Hedwig Zdrazil: Edificio Secession/Detalle de la puerta del mismo

Y por si fuera poco, en 1899 también ingresó en la Secession de los “jóvenes” nada menos que Otto Wagner, de casi 60 años de edad. Muchos de los miembros de la Secession habían sido sus discípulos y colaboradores: Olbrich, arquitecto del edificio de exposiciones erigido en 1898 también llamado Secession, contribuyó a la construcción del tren metropolitano de Wagner.  Kolo Moser diseñó los “Medallones de Musas” que se ven en el edificio de viviendas de Wagner en la calle Wienzeile 38 y los vitrales de la iglesia de Steinhof. Hoffmann era uno de los que habían estudiado con Wagner.

Gustav Klimt se inspiró en las texturas de oro y en los ricos ornamentos de los mosaicos del Cristianismo temprano y de la Edad Media, que había conocido en las ciudades italianas de Ravenna y Venecia. Su época dorada, coronada por su obra “El beso” demuestra su peculiar forma de seguir aquellos ejemplos. La libre sensualidad que se percibe en muchas de sus figuras de mujeres, la desnudez, los cuerpos embarazados y las posiciones atrevidas de sus modelos ilustran temas profundos como la muerte y el erotismo, o el círculo de la vida. A fin de cuentas, temas que estaban muy presentes en los espíritus despiertos de aquella época, y que también habían sido captados a su manera por Freud y Schnitzler.

Pocos años antes de la Primera Guerra Mundial, una nueva generación de jóvenes volvió a sacudir la percepción visual: Egon Schiele  y Oskar Kokoschka, los más destacados representantes del Expresionismo austriaco. Ambos tuvieron la oportunidad de exponer sus obras en 1908 y en 1909 bajo patrocinio de Gustav Klimt en la Feria de Arte de Viena. Un poco antes, en 1907, Picasso pintaba en Paris las “Las señoritas de Avignon”, cuadro que se considera iniciador del Cubismo. El movimiento cubista es una de las pocas corrientes modernas que no surgieron ni pasaron por la “Viena de Fin de Siglo”.

Ocaso y nostalgia de los Habsburgo

Cuando empezó la Primera Guerra Mundial, en el año 1914, se desmoronó la cultura y toda la riqueza ornamental de principios de siglo, ya fuera art nouveau o clásica.  Así fue que “La Viena de Fin de Siglo” quedó anclada en la memoria de los supervivientes y de generaciones posteriores como símbolo de un brillante ocaso de la cultura europea. La novela de Joseph Roth, “La marcha de Radetzky” (1932), se considera un retrato esclarecedor y a la vez nostálgico del derrumbe de la Monarquía Austrohúngara, si bien también se puede leer desde otra perspectiva. Joseph Roth, austriaco exiliado, judío católico y monárquico socialdemócrata sabía diferenciar muy bien entre opereta y realidad. Y quien sino él podía haber retratado la realidad de la década de 1930 como un retroceso en la historia de la humanidad, retroceso de tal gravedad que hacía parecer inocuos los más graves errores de la extinta monarquía.

Más información en: www.austria.info/ www.wien.info/es

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